sábado, 25 de febrero de 2017

La sala secreta del Museo del Prado

Las 'Salas Secretas' de los Museos:
1.- Gabinete de Objetos Obscenos de Nápoles
2.- British Secretum, el armario 55
3.- Salas secretas y pinacotecas eróticas en la España Moderna
3.1.- La Sala Secreta del Museo del Prado
3.2.- Los gabinetes reservados de los nobles  (en preparación)
4.- El Infierno de la Biblioteca Nacional Francesa
_____________________________________________________

La Sala Secreta del Museo del Prado

Hoy en día cuando paseamos por los pasillos de un museo miramos casi con indiferencia las imágenes de desnudos que se despliegan ante nosotros, sin apenas ser conscientes del efecto turbador que causaron esas mismas imágenes a nuestros antepasados...

Por lo que nunca está de más recordar que la contemplación de un cuerpo desnudo en su totalidad es un fenómeno contemporáneo, ya que ni siquiera en la intimidad del lecho conyugal se solía ver el cuerpo desnudo de la mujer (incluso las más descaradas meretrices solían tapar sus partes más íntimas).

Así no nos puede sorprender que estas imágenes de desnudos fueran consideradas tan escandalosas que solo los personajes más poderosos se atrevían a custodiarlas en sus colecciones privadas, normalmente guardadas en salas reservadas o escondidas tras gruesas cortinas, incluso sabemos que desnudos de grandes artistas fueron pasto de la moral y el fuego de la Inquisición.

'Dánae' de Tiziano, una de las obras más sensuales (y polémicas) de todos los tiempos.

Por ello os invitamos a poneros en la piel de uno de estos poderosos personajes y sentir por un momento la emoción que embriagaría sus sentidos al entrar en una de esas salas reservadas y contemplar la belleza de esos cuerpos desnudos destinados sólo para sus ojos. O el temblor que sacudiría todo su ser cada que vez que descorría la cortina que ocultaba alguno de sus más preciados tesoros.

Unos desnudos que sugerían mucho más que el mero placer estético de un cuerpo desnudo, sino que contendrían todo un simbolismo erótico y sensual que convertía estas obras en auténticas afrentas contra la moral imperante. De ahí que gran parte de ellas hayan pasado la mayor parte de su existencia escondidas en salas reservadas.

Y cómo no podía ser de otra manera nuestro Museo del Prado también albergó una Sala Reservada con más de 70 lienzos de desnudos. Una sala que apenas estuvo vigente 10 años, entre 1827 y 1838, y es que el efecto de concentrar todas estas obras sensuales en una sola habitación despertaba aún más las fantasías eróticas de sus posibles visitantes que el integrarlas entre el resto de colecciones del Museo.

Un viaje de 500 años...

Pero este viaje hay que iniciarlo varios siglos atrás, ya que se puede decir que fue Carlos V quién inició esta colección de obras eróticas. Cuadros y lienzos que se fueron acumulando en las colecciones reales, adaptándose a los gustos y pasiones de nuestros monarcas, pero también a sus fobias y prohibiciones, sufriendo numerosos episodios de censura y confinamiento en salas reservadas.

Adán y Eva, Alberto Durero (1507).
Óleo sobre tabla. Museo del Prado.
Los dos grandes impulsores de esta colección de desnudos, probablemente la mejor de toda la Europa Moderna, se la debemos a dos reyes fundamentalmente, que aunque de carácter totalmente dispar, sí que compartieron ese gusto por esta pintura "sensual"... Estamos hablando del "prudente y muy católico" rey Felipe II, y sus encargos a Tiziano, y el mucho más libertino Felipe IV quién no dudó en utilizar el pincel del mejor pintor de su tiempo, Velázquez, para satisfacer sus gustos "artísticos"

Pero muy pronto la mojigatería de los reyes Carlos III y Carlos IV provocó que purgasen las colecciones reales de tan "inmorales" pinturas, y aunque algún rey tuvo la tentación de arrojarlas directamente al fuego, por suerte para nosotros, algún asesor le sugirió que era mejor conservarlas, aunque recluidas en una sala, por lo que durante años estos lienzos fueron "escondidos" en una habitación de la Real Academia de Bellas Artes, una sala a la que sólo tendrían acceso artistas de intachable moral y reputación que solicitaban su acceso por motivos artísticos o de estudio anatómico.

Finalmente y tras nuevos vaivenes entre su exposición pública y su reclusión en salas especiales estas grandes obras de arte "censuradas" fueron reubicadas en el Museo del Prado, donde hoy en día las podemos contemplar sin ser conscientes de que más de una vez estuvieron a punto de ser destruidas para siempre por la férrea moral sexual impuesta por la religión en esta España nuestra.


Los inicios de la Colección

Aunque Carlos I ya empieza a coleccionar obras pictóricas de desnudos es su hijo, Felipe II, quien a pesar de la férrea moral católica que trató de implantar en todos los territorios de la Corona no dudó en coleccionar para su disfrute personal toda una serie de pinturas de desnudos, entre las que destaca la que para algunos ha sido una de las obras más escandalosas y polémicas de todos los tiempos...

Estamos hablando de las "Poesías" que Felipe II encargó a Tiziano para decorar su sala privada de descanso en el Alcázar Real, donde destaca sobremanera por su sensualidad y erotismo desenfrenado 'Dánae'.

Dánae, 1551-1553, The Wellington Collection, Apsley House.
La estrecha relación entre el pintor y el rey se ve plasmada en una carta donde Tiziano le informa a Felipe II del envío de una nueva poesía para su camerino personal:

"Y porque la Dánae, que ya mandé a V. M., se veía por la parte de delante, he querido en esta otra poesía variar, y hacerle mostrar la contraria parte, para que resulte el camerino, donde había de estar, más agradable a la vista. Pronto os mandaré la poesía de Perseo y Andrómeda, que tendrá una vista diferente a éstas".

Venus y Adonis (después de la restauración) Tiziano
Óleo sobre lienzo, 186 x 207 cm
Madrid, Museo Nacional del Prado
Por lo que aunque la historia nos ha transmitido una imagen de un Felipe II religioso y puritano, su afición por el arte, y por estas pinturas repletas de erotismo y pasión, nos hablaría de un hombre de un carácter mucho más humanista y refinado de lo que nos podemos imaginar.

Por contra, nos encontraremos con un buen número de reyes de carácter mucho más puritano, desde su hijo Felipe III que ordenó a su guardajoyas que retirase esas pinturas que ofendían "la modestia y la virtud" de quién las contemplaba, pasando por los primeros Borbones, como Felipe V, que vendió gran parte de estas pinturas, por no hablar de la beatería de Carlos III.


La sala íntima de Felipe IV

El otro rey aficionado al coleccionismo de lienzos eróticos fue Felipe IV, lo cual no nos debe extrañar, ya que si por algo destacó la faceta privada de este monarca fue por su adicción al sexo. Y aunque este rasgo de su personalidad lo contaremos en otro momento, esta afición desmedida al sexo y al erotismo tuvo su mejor reflejo en el aumento constante de su colección de desnudos.

Y para ello no dudó en utilizar todos los medios a su disposición, desde usar su poderosa influencia para obtener apreciadísimo regalos, como el 'Adán y Eva' de Durero que fue un obsequio de la reina Cristina de Suecia, comprando directamente las obras de arte (envió a Velázquez a Italia para que adquiriese numerosos lienzos), e incluso realizando encargos personales a los mejores artistas del momento como "El juicio de Paris" que encargó a Rubens.

De esta forma Felipe IV reubicó la colección heredada de su abuelo Felipe II en una recóndita sala del Cuarto Bajo de Verano en la zona norte del Alcázar madrileño, curiosamente el lugar «en que S.M. se retira después de comer». La elección de esta sala no fue casual, ya que era una de las habitaciones más íntimas y recónditas de todo el palacio, alejada de miradas furtivas y habladurías indiscretas.

Conocemos la impresionante colección de pinturas que allí se albergaba gracias a la detallada descripción que hizo el erudito romano Casiano dal Pozzo, quien comenta que las poesías de Tiziano se hacían cubrir, por pudor, cuando la reina anunciaba su presencia.

Esta sala íntima debería suponer todo un canto al erotismo, la sensualidad y la voluptuosidad, ya que entre sus paredes destacaban no sólo las "poesías de Tiziano, sino también destacaban 'Adán y Eva', 'Venus con el amor y la música', 'Tarquino y Lucrecia'.

Años después, y debido al incremento constante de la colección pictórica real se trasladaron las pinturas de carácter más sensual a una nueva zona del palacio, conocida como las "bóvedas de Tiziano", donde junto a las numerosas obras de Tiziano se podían contemplar cuadros de Tintoretto, Veronés, Durero, Jordaens, Cambiaso y otro de esos grandes cuadros repletos de erotismo, 'Las tres Gracias' de Rubens.

Venus recreándose en la música, Tiziano. Óleo sobre lienzo (148 x 217 cm.). 1547.
Museo del Prado. Madrid.


Los cuadros condenados al fuego por Carlos III

Pero no todos los reyes iban a compartir esta afición por los cuadros eróticos se sabe que Carlos III en 1762 hizo una selección de las pinturas más escandalosas de su colección para, nada más y nada menos, que ¡quemarlas!  Auténticas obras universales de la pintura estuvieron a punto de ser pasto de las llamas, en una hoguera avivada por la mojigatería y la nueva política moral impulsada por el despotismo ilustrado de Carlos III.

Por suerte para nosotros, la intervención del artista Mengs así como del Marqués de Esquilache evitaron tal tragedia y lograron convencer al monarca de conservar estas pinturas no sólo por su valor artístico sino también por su interés académico, por lo que finalmente estos lascivos cuadros fueron encerrados en la llamada "Casa de Rebeque", una estancia vinculada al pintor de Cámara de su majestad.

Gracias a esta intervención se salvaron obras cumbres de la pintura universal como Dánae y algunas de las más bellas Venus de Tiziano, grandes obras de Rubens como Andrómeda liberada por Perseo, Las tres Gracias, Diana y Calisto o El juicio de Paris u otras obras únicas como El tocador de Venus, de Franceso Albani; y Hipomenes y Atalanta de Guido Reni.

Aunque el precio a pagar por su salvación fue encerrarlas durante años. Con Carlos III permanecieron ocultas en discretas salas del Palacio, y posteriormente con Carlos IV muchas de ellas fueron enviadas a la Academia de San Fernando (en 1792 y 1796) bajo fines académicos, y aunque la Academia trató de dar cierta visibilidad a estas obras, Carlos IV se negó en redondo, por lo que estas pinturas siguieron encerradas en una sala reservada de acceso restringido.

Francesco Furini. Lot y sus hijas. Óleo sobre lienzo (123 x 120 cm). 1640.
Museo del Prado. Madrid.


Nuevos aires de libertad...

Con la llegada de José Bonaparte al trono se intentó airear las viejas y rancias instituciones españolas, mediante un soplido de modernidad y libertad proveniente de tierras francesas. Por lo que se empezaron a cambiar algunos paradigmas relacionados con la moral sexual. De esta forma, durante un breve período de tiempo, estas obras fueron sacadas de su clandestinidad y expuestas públicamente para que sirvieran "de estudio a los discípulos de la Academia, de examen e imitación a los profesores y de complacencia a los amantes de las Bellas Artes".

Es más, el propio José Bonaparte también muy aficionado a la vida disoluta no dudó en quedarse tres de estas grandes obras para su disfrute personal en su residencia de la Casa de Campo.

Aunque el triunfo del Absolutismo y la derrota de los afrancesados supuso de nuevo el confinamiento de estas obras en la Academia de Bellas Artes, hasta que en 1827, a la luz de los nuevos conceptos museográficos y en plena expansión del Museo Real, se decidió trasladar de nuevo estas obras al Museo del Prado.

Nacía la Sala Reservada del Prado, ya que estas obras fueron expuestas en una sala especial situada en el extremo suroriental del piso bajo del Museo especificándose que "es la soberana voluntad de Su Majestad que de ningún modo se coloquen a la vista del pueblo aquellos que por razón de la poca decencia de sus objetos y demás circunstancias que reúnan merezcan ponerse en sitio reservado".

Por lo que el acceso a esta sala estuvo restringido durante muchos años y "que sólo se enseña a las personas portadores de un billete especial (…), pues contiene todas las desnudeces que hubieran podido asustar a las damas” señalaba en 1831 el francés Prosper Mérimée en su crónica de su visita al Museo del Prado

Finalmente esta sala fue desmantelada en 1838, ya que los responsables del museo eran conscientes del efecto provocador que causaba la existencia de esta sala, además de ser una división artística completamente anacrónica.

Y es como bien se señala en la propia página del Museo del Prado "era más un exponente del Antiguo Régimen que del mundo contemporáneo, y no extraña que su existencia coincidiera con los últimos años de la vida de Fernando VII, un monarca absoluto con una mentalidad más cercana a la de sus colegas de siglos pasados que a la de los más destacados gobernantes europeos de su época."

Pero aun así el peso de la censura siguió vigente, ya que la obra más erótica de todas, la 'Dánae' siguió oculta a la vista del público general durante varios años más, exponiéndose en el "gabinete de descanso" del Museo, una sala con unas magníficas vistas al Jardín Botánico y que servía de descanso para cuando acudían las más altas dignidades a visitar el Museo.


Conclusión

La existencia de estos gabinetes privados son un claro reflejo de la moral imperante durante gran parte de la historia de España, ya que desde el Renacimiento fueron muchas las voces que se alzaban contra la presencia de cualquier tipo de desnudo en las obras de arte, por lo que las obras con los desnudos más explícitos y sensuales siempre estuvieron bajo sospecha, recluidas en estancias apartadas y discretas.

Pero a pesar de ello, o precisamente por ese motivo, fueron considerados objetos de lujo y de gran valor económico e incluso político. Por eso no nos puede sorprender que estas salas reservadas fuesen de gran importancia para algunos de sus dueños, ya que no sólo eran estancias para recrearse visualmente o estéticamente, sino que eran todo un símbolo de poder y de estatus social.

Perseo liberando a Andrómeda.
1640. Óleo sobre lienzo.
267 x 162 cm.
Aunque este largo camino entre arte, moral y censura siempre tuvo un carácter sinuoso, variando la moral sexual de la sociedad con el transcurrir de los siglos, y ¡ojo! no siempre a mejor...

Uno de mejores ejemplos de esto lo representa el cuadro de 'Perseo liberando a Andrómeda', un lienzo que se expuso sin ningún tipo de reparo durante el siglo XVII en una de las habitaciones de mayor importancia dentro del real Alcázar de Madrid, el Salón de los Espejos, destinado a recibir importantes visitas protocolarias.

Pues en pleno siglo XVIII este cuadro fue apartado de este lugar público por ser considerado demasiado indecente y pasó a engrosar la lista de cuadros censurados, ya que con el paso de los años el trasfondo político de este lienzo, la representación del buen gobierno, se fue diluyendo. Y por contra, fue aumentando la simple visión estética del cuadro, por lo que el desnudo de la mujer tomaba mucho mayor protagonismo.

Otro hecho curioso en este camino de moral y censura es que con la llegada del despotismo ilustrado, aunque pueda parecer contradictorio la moral sexual de nuestros monarcas se volvió mucho más conservadora. Y es que como buen representante del despotismo ilustrado su ideal era ser reflejo para sus súbditos de una moral intachable, por lo que acabaron desterrando cualquier conducta u objeto que pudiese ser tildado de inmoral. A todo ello, seguramente, también contribuyó los siniestros personajes religiosos que siempre rodearon, y lo que es peor, influyeron, a nuestros soberanos, inculcándoles visiones de lo más retrógradas relativas a la sexualidad.




BIBLIOGRAFÍA:

-GEORGE, B.: “Las lágrimas de Eros”. Tusquets. Barcelona, 1977.
-KENNETH, C.: “El desnudo. Un estudio de la forma ideal”. Alianza Ed. Madrid, 1981.
- PORTÚS, J.: “La Sala Reservada del Museo del Prado y el coleccionismo de pintura de desnudo en la Corte española, 1554-1838”. Museo del Prado. Madrid, 1998.
- VV.AA.: “El desnudo en el Museo del Prado”. Fundación de Amigos del Museo del Prado y Círculo de Lectores”. Madrid y Bacelona, 1998.

[En Internet]

https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/sala-reservada/91593a25-dd47-40c5-95b6-6a2f709155d2

http://artetorreherberos.blogspot.com/2011/09/las-obras-secretas-del-museo-del-prado.html LAS OBRAS SECRETAS DEL MUSEO DEL PRADO . ARTE TORREHERBEROS







 http://www.gabitos.com/elalmacendelconocimiento/template.php?nm=1355680048

martes, 3 de enero de 2017

Eolípilas: Unos enigmáticos objetos medievales

Uno de los objetos más curiosos y extraños que podemos encontrar en las vitrinas de dos pequeños y casi desconocidos museos de Inglaterra son unos artefactos denominados "aeolipile", unos pequeños artilugios basados en el mismo mecanismo que una máquina de vapor y que sorprenden no sólo por la fecha de su fabricación sino especialmente por el carácter itifálico de sus figuras.

Aeolipile de Basingstoke
Y es que al menos uno de estos ejemplares es un ejemplo característico de finales de la orfebrería medieval, convirtiéndose en una reliquia para anticuarios desde el mismo momento de su descubrimiento.

El aeolipile de Basingstoke

La pieza apareció en unos trabajos de reparación de un canal en Basingstoke, en Hampshire, rápidamente fue adquirido por Edmund Fry quién presentó la pieza formalmente en la Sociedad de Anticuarios el 14 de Febrero de 1799, en cuyo Museo en Burlington House se puede hoy en día contemplar.

A pesar de su carácter itifálico, o precisamente a pesar de ello, la pieza cobró gran importancia, especialmente cuando se comparó con otra figura similar... muy famosa en gran parte de Inglaterra: Jack de Hilton.


El famoso Jack de Hilton...

Esta figura conocida con el nombre de Jack de Hilton fue hallada en Hilton Hall, en el condado de Staffordshire y causó un gran revuelo en el siglo XVII, ya que parece ser que toda Inglaterra había oído hablar de ella, no sólo por ser una de las mejores obras de orfebrería del siglo XIII, sino también por la extraña ceremonia que se celebraba cada Año Nuevo en torno a esta figura.

Su atrevida fisionomía y el espectacular silbido que emitía cuando entraba en ebullición atrajo a toda clase de curiosos, científicos y anticuarios. Entre ellos estaba el Dr. Plot, naturalista y el primer profesor de Química de la Universidad de Oxford.

Y es que  precisamente en el museo asociado a esta Universidad, el Ashmolean Museum, es donde aún se puede contemplar este ingenioso artefacto. Acompañado de un rótulo que reza más o menos lo siguiente: "Durante muchos años esta pieza ha cumplido una importante función en un ritual anual para la concesión de contratos de arrendamiento dentro de las fincas señoriales."

... y su extraño ritual.

 Y es que según cuenta el profesor Robert Plot en su 'Natural History' de 1686, en virtud de las obligaciones del cargo, el Señor de Essington llevaba a cabo un extraño ritual cada día de Año Nuevo. De acuerdo con una antigua costumbre feudal, el Señor de Essington (o su delegado o agente judicial en su lugar) debía traer un ganso vivo al Señor de Hilton. El ganso debía ser paseado, hasta tres veces, alrededor del fuego del Gran Salón, mientas el dispositivo hidráulico de Jack de Hilton incidía directamente sobre las brasas del fuego.

Finalmente el ganso era llevado a las cocinas y era servido para el banquete, renovándose las obligaciones feudales entre ambas casas hasta el año siguiente.

Jack of Hilton

No hay dos sin tres: Henley

Tanto Jack de Hilton como la figura de Basingstoke comparten muchas características en común con otro tercer ejemplar registrado por primera vez en Arnington Hall, cerca de Tarnworth en 1830. La familia avergonzada por el aspecto de la escultura arrojó la figura en el fondo de un estanque, dónde se mantuvo sumergida durante 40 años, hasta que finalmente un miembro de la familia la rescató y la presentó en sociedad en 1890 al Reading Museum.


Características

Las 3 esculturas tienen características similares:

Son aproximadamente de 40 cms. de altura, huecos, con aleación de cobre o bronce y con forma de joven itifálico. Están de rodillas y tienen el torso ligeramente más voluminoso en su parte inferior (para aumentar su capacidad interna). Mientras una mano descansa sobre el muslo o sostiene el pene, la otra está sobre la cabeza. Algunos ejemplares presentan ligeras incisiones para marcar la presencia de ropa.


Desde un punto de vista funcional, presentan un pequeño agujero circular de unos 3mm de diámetro en la parte posterior del cuello, por donde se llenaría con agua. Una vez lleno de agua se taparía este agujero y la figura se pondría al fuego hasta que el agua entrase en estado de ebullición, expulsando el vapor, mediante un sonoro pitido, por la pequeña abertura que presenta en la boca. Por ese motivo, y para acentuar su efecto visual, las figuras tiene las mejillas hinchadas.

Por otro lado, la técnica constructiva para la realización de estas piezas parece ser a la cera perdida sellado en su base mediante una placa de cobre.


Funcionalidad

Se ha discutido mucho sobre la funcionalidad de este pequeño ingenio a vapor, ya hemos visto como aún el siglo XVII seguía siendo utilizado en un extraño ritual. Tal vez, y como apuntan algunos investigadores, los últimos vestigios de un rito de origen feudal de deudas de servicio, teoría que explicaría el porqué de la postura sirviente (de rodillas) de todas estas figuras.

Y aunque la mayor parte de expertos creen que su función principal sería avivar las llamas de la chimenea, no faltan aquellos que apuestan más por una función meramente lúdica, como entretenimiento y curiosidad con la que entretener y divertir a los comensales.

Por último están aquellos que buscan darle un significado más profundo, relacionando con una forma de adoración pagana de Príapo, una deidad romana, aunque de carácter universal, relacionada con las fuerzas de la naturaleza, tal es así, que se sabe que aún era adorado en la región de Nápoles allá por 1780.

 

Origen

Ilustración del Eolípila de
Herón de Alejandría
Estos artefactos, conocidos como eolípila, están basados en un invento del siglo I del ingeniero griego Herón de Alejandría, quien diseñó un dispositivo que giraba debido a la fuerza de la presión del vapor de agua. Y aunque esta fue la primera máquina térmica de la historia su uso sólo se limitó como entretenimiento, siendo incapaces de buscarle un uso más pragmático.

Su nombre 'aeolipile' parece derivar del dios griego del aire y el viento Aeolus y de la palabra griega "pylae", pudiendo ser traducido como "la entrada de Eolo" o "la puerta de los vientos". Aunque si aceptamos una posible derivación latina también se podría llamar "la pelota de Eolo".
 
Los romanos también utilizaron estos "aeolipile" ya que el mismísimo Vitruvio los menciona en uno de sus libros "aeolipylae aecrae dicuntur vasa ad cognoscendam ventorum rationem facta".

Habrá que esperar al Renacimiento para volver a ver este tipo de artilugios en circulación, ya que en los libros de cuenta del Rey Renato II de Lorena aparece registrada en el año de 1448 la compra en Roma de "una cabeza de bronce que expulsa fuego". Así mismo el British Museum alberga uno de los más bellos ejemplares de este tipo de avivadores, el fascinante busto de un joven africano, fechado en torno al 1500 y perteneciente a la República de Venecia.

Pero no sólo vamos a encontrar inocentes bustos, ya que el arquitecto renacentista Antonio Averino, más conocido como Filarete, en 1465 en su obra "El arte de construir" describe con detalle un avivador muy parecido a los traídos a este blog, con la forma de "una figura desnuda de un querubín con las mejillas hinchadas".

Un último ejemplo de este tipo de eolípila "eróticos" lo encontramos en Alemania donde en la localidad de Kyffhauser allá por el siglo XVI fue desenterrado una figura de bronce de unos 58 cms muy similar al ejemplar de Henley.

Eolipila del Bristish Museum, 1500 d.C.


Bibliografía

Elizabeth Edwards’s paper on ‘The Aeolipile from Basingstoke’, is in Hampshire Field Club & Archaeological Society Newsletter 47 (2007), 4-8, with further bibliography.

MacGregor, A.; ‘Jack of Hilton and the history of the hearth-blower’, Antiquaries Journal 87 (2007), 281-94.

Patersson, R.; two hearth-blowers from henley-on-thames and basingstoke, The Berkshire Archaeological Journal, Volume 50, 1947.

The Basingstoke Aeoliphile en https://www.sal.org.uk/museum-collection/unlocking-our-collections/

domingo, 18 de diciembre de 2016

El matrimonio en el Antiguo Egipto

Para entender el concepto de matrimonio en el Antiguo Egipto debemos desprendernos de nuestra idea de matrimonio, ya que para los egipcios el matrimonio era un acto privado sin ningún tipo de connotación religiosa o civil detrás de él.

Aunque más bien se puede decir que lo extraño a lo largo de la historia ha sido el concepto sagrado del matrimonio que nos ha transmitido nuestra tradición judeo-cristiana.

Así pues el matrimonio en el Antiguo Egipto era un acto privado, donde no intervenía ningún tipo de autoridad religiosa o civil para refrendar dicho acuerdo. Simplemente bastaba el mutuo acuerdo de la pareja y el acto simbólico de convivir bajo un mismo techo, siendo normalmente la mujer la que se trasladaba a la casa del hombre. Esta concepción se plasma clarísimamente es su lenguaje donde el acto del matrimonio se puede traducir como "fundar una casa" o "entrar en casa de la pareja".

Este concepto laico del matrimonio no significa que no tuviese importancia, ya que el matrimonio era una institución básica en el mundo egipcio, además como en cualquier acto importante en la vida de una persona este matrimonio sería celebrado por ambas familias mediante una fiesta, y conociendo el gusto de los egipcios por la cerveza, podemos afirmar que sería una celebración bastante animada.

También, y como ha sucedido hasta tiempos bien recientes, es bastante probable que fuesen los padres quienes se preocupaban de buscar la pareja adecuada para sus hijos o hijas, atendiendo a motivos económicos, patrimoniales o sociales, pero aquellos padres más comprensivos podían atender también a razones sentimentales.

The Family of Neferherenptah from the Mastaba of Neferherenptah at Giza


Matrimonio por amor

Aunque retrocedamos varios milenios atrás en el tiempo parece evidente que el amor es uno de las fuerzas más poderosas del ser humano, por lo que los egipcios no fueron ajenos a este sentimiento y también nos hablaron del amor, de parejas de enamorados, de jóvenes atrapados en las llamas de la pasión que sólo desean estar el uno con el otro hasta el final de los tiempos...

Los testimonios sobre el amor en el matrimonio son enormemente variados: desde poemas  a canciones amorosas, ya sea escrito en papiro o esculpido en la roca, ya fuese mediante hermosos y sensibles versos, o a través de frías instrucciones:

"Si eres sabio, guarda tu casa, ama a tu mujer sin restricción. Llena su estómago, viste su espalda, esos son los cuidados que hay que proporcionar a su cuerpo, acaríciala, satisface sus deseos durante todo el tiempo de su existencia, se trata de un bien que honra al señor de la casa".
- Máximas de Ptahhotep


Todo esto es fácilmente comprobable visitando cualquier museo que albergue arte egipcio, no será muy difícil encontrar en estas colecciones estatuas o pinturas que muestren signos de amor entre parejas: maridos y mujeres con sus brazos alrededor de su cintura, sujetándose las manos u ofreciéndose mutuamente flores o comida. Por lo que podemos concluir que el amor y el afecto era una parte importante en el matrimonio Egipto.

Meryt, mujer de Sennefer, se presenta ante él con flores de loto.
También sabemos por textos egipcios que una mujer era libre de escoger a su futuro marido, por lo que en cualquier caso, y aun contradiciendo la opinión de su familia siempre se podía negar a aceptar a un cónyuge impuesto. Aunque esto último sólo se daría en casos muy aislados, principalmente porque las mujeres se casaban a edades muy tempranas, por lo que dudamos que se atreviesen a ir en contra de la opinión familiar.

Que mejor forma de terminar este apartado que con este bonito texto inscrito en una estatua, el cual es un claro reflejo de ese amor dentro del matrimonio:

"Deseamos reposar juntos
Dios no puede separarnos.
Tan cierto como vives, no te abandonaré
Antes de que de mí te canses.

No queremos más que estar sentados, cada día, en paz,
Sin que ocurra nada malo.
Juntos hemos ido al País de la Eternidad,
Para que nuestros nombres no sean olvidados.

Cuan bello es el momento
En el que se ve la luz del sol,
Eternamente,
Como Señor de la necrópolis."

Pintura de una tumba donde se muestra el reencuentro de matrimonio en la otra vida.
Los evidentes gestos de afecto nos hablarían de que el matrimonio por amor tenía gran importancia en la cultura egipcia.


Institución básica de la sociedad.

Y aunque este primer acercamiento al concepto de matrimonio egipcio nos pueda parecer que se tratase de un asunto trivial y sin importancia, no hay que engañarse, el matrimonio era de vital importancia en la sociedad egipcia, ya que su principal finalidad era aportar hijos a una sociedad siempre necesitada de excedentes demográficos.

 “Toma esposa cuando seas joven, para que te dé un hijo. Debe engendrar para ti mientras eres joven, el mundo debe ser poblado. El hombre con una gran familia es feliz, se le admira por su descendencia”.

Además los hijos como bien explica Parra Ortiz en su libro 'Vida amorosa en el Antiguo Egipto' "eran básicos en el pensamiento egipcio porque de ellos dependía, no sólo el bienestar de los padres durante la vejez, sino el mantenimiento del culto funerario de los progenitores, sin el cual su existencia eterna quedaba comprometida".

Edad

Como en todas las sociedades antiguas la edad para contraer matrimonio era muy temprana, especialmente en el caso de las mujeres.

La edad adecuada para que un joven contrajese matrimonio estaría entre los 17 y 20 años, una vez que había demostrado que era capaz de mantenerse por sí mismo. Dependiendo de la profesión del joven se casaría a una edad más temprana o tardía, así podemos suponer que un agricultor se casaría mucho antes que un escriba, cuya formación llevaba más años.

En las 'Máximas de Ankhsheshonq' podemos leer: "Toma una mujer cuando tengas veinte años, para que puedas tener un hijo cuando todavía seas joven".

Por contra a las mujeres se les buscaría matrimonio una vez alcanzada la pubertad, a los 14 o 15 años, la mayoría de las veces sin tener muy en cuenta la diferencia de edad, ya que su futuro marido podía ser mucho más mayor que ella.

Senedyem y su esposa, ante una mesa de senet en su tumba de Deir el-Medina (dinastía XIX).


La ceremonia

Uno de los misterios más curiosos sobre la civilización egipcia es la completa ausencia de información sobre el acto de casarse. La mayor parte de información que nos ha llegado sobre las bodas en el Antiguo Egipto son del período ptolemaico, donde sí que se nos habla de su carácter festivo y de su ceremonia, pero apenas sabemos nada sobre la ceremonia del matrimonio durante el Imperio Antiguo, si es que hubo alguna.

Podemos concluir que antes de la boda ambas familias se reunían para acordar los términos del matrimonio. Normalmente este trámite en sus primeros pasos se dejaba en manos de las mujeres de ambas familias, y cuando ellas daban el visto bueno sobre el futuro cónyuge entraban los hombres a negociar un acuerdo matrimonial.

Este tipo de acuerdos giraban en torno a la dote que recibiría la novia, normalmente una suma de dinero y algún que otro regalo lujoso como compensación de la pérdida de la virginidad de la mujer.

Una sirvienta coloca el cabello de su señora.
Tumba de Djeser, dinastía XVIII.
Y aunque hemos dicho que el matrimonio era un acto sencillo, la importancia de este paso en la vida de los cónyuges era celebrado mediante una pequeña fiesta. Y sabiendo el gusto de los egipcios por la cerveza y su preocupación por la belleza podemos suponer que todos lucirían sus mejores galas y se maquillarían con sus cosméticos más caros.

Los testimonios más recientes nos hablan de que el día previo a la boda las mujeres de la familia del novio visitaban a la futura esposa, donde imaginamos que aparte de vestirla y maquillarla con pinturas corporales le darían importantes consejos para la noche de bodas. Los hombres también se reunían en un ambiente festivo donde la música y la cerveza estarían muy presentes.

El día de la boda la novia era conducida a casa del marido, podemos suponer que rodeada de una comitiva y acompañada de música, cantos y algún que otro chascarrillo de carácter obsceno, ya hemos hablado en otros post como era muy habitual en numerosas culturas antiguas la presencia de símbolos fálicos durante los festejos de matrimonio así como cánticos subidos de tonos como elementos propiciatorios de la fertilidad.

Una vez que la novia se trasladaba a casa de su futuro marido se oficializaba el matrimonio mediante la firma de un contrato matrimonial (los primero datan del siglo IX a.C.) donde se registraba la fecha, los nombres de los contrayentes así como el de sus familiares más cercanos, al profesión del marido y el nombre de algún otro testigo. Este documento era firmado en presencia de alguna autoridad religiosa que era el encargado de registrar dicho contrato.

Una vez finalizadas todas estas formalidades y actos simbólicos se iniciaría un banquete que se prolongaría, a buen seguro, hasta altas horas de la madrugada.

Músicas y bailarinas. Tumba de Nakht en Tebas (dinastía XVIII).

Igualdad de la mujer

Uno de los aspectos más llamativos de la cultura egipcia era la posición que ocupaba la mujer en su sociedad, y es que la igualdad entre hombres y mujeres alcanzó cuotas sorprendentes. La mujer tenía total libertad de acción, era dueña de sus propias tierras y dote, podía dirigir negocios de toda clase así como recibir y dar herencias a su libre voluntad.

La ley también contemplaba esta igualdad por lo que las mujeres podían presentarse ante un tribunal ya fuese como querellante, defensora o testigo, por lo que también eran juzgadas con la misma severidad que los hombres.

Un claro reflejo de todo esto son los contratos matrimoniales, y aunque éstos no eran necesarios sí que existen un gran número de ellos, por lo que parece que a partir del siglo IX a.C. fue una práctica cada vez más extendida entre clases acomodadas.

Lógicamente las clases más pobres no firmarían este tipo de acuerdos, primero por que el escaso valor de sus posesiones no requerían de tales acuerdos, y por otro lado, por que la firma de un documento de este tipo suponía un desembolso demasiado elevado para estas clases populares, ya que el coste del papiro y de un escriba sería prohibitivo.

El objetivo de estos contratos prenupciales era establecer los derechos y posesiones de cada miembro de la pareja durante el matrimonio y su reparto en caso de divorcio. Era tal la igualdad entre hombres y mujeres que los cónyuges se unían en régimen de separación de bienes, y por lo tanto, ¡la mujer podía disponer de sus bienes cómo a ella se le antojase sin contar con el permiso del marido!



Divorcio

El enano Seneb y su familia. Dinastía VI.
Museo de El Cairo
A pesar de que el matrimonio se entendía como un contrato para toda la vida, al no estar ungido por imposiciones religiosas, tanto la mujer como el hombre, podían divorciarse simplemente abandonando el hogar familiar. Por lo que podían casarse de nuevo si así lo deseaban.

Aunque bajo esta aparente sencillez se esconden algunos escollos económicos y sociales que dificultaban en realidad este hecho, por lo que realmente el número de divorcios no fue muy numeroso. Como curiosidad apuntar que como en la actualidad se podían firmar contratos de divorcio o ruptura, muy importantes éstos para las mujeres, ya que se aseguraban de no ser acusadas de infidelidad si iniciaban una nueva relación.

Con todo ello, el principal problema de un divorcio era el económico, ya que la justicia egipcia protegía especialmente a la mujer para evitar casos de repudio o de abandono. Por lo que la cuantía a pagar por el hombre era bastante abultada, ya que debía devolver la dote de la mujer más un tercio del total de los bienes gananciales.

Incluso se conocen contratos prematrimoniales aún más onerosos para el marido para evitar estos casos de abandono, ya que la mujer, sino contaba con protección familiar, podía quedar en una situación bastante desamparada.

Los motivos más esgrimidos para el divorcio eran los malos tratos, el adulterio (de la mujer) y la falta de hijos, aunque también se han encontrado documentos donde se aferran a motivos algo más terrenales como la presencia de una suegra malvada o los chismorreos del vecindario.


Matrimonios múltiples, poligamia y concubinato:

Debido a la facilidad con la que un egipcio podía divorciarse, de forma llana y somera, cogiendo sus bártulos e yéndose a otra casa, es muy probable que existiesen personas que se casaran dos y tres veces a lo largo de su vida sin existir un divorcio "oficial" entre ellos.

Por otro lado, si tenemos en cuanta la baja esperanza de vida en el Antiguo Egipto, especialmente entre las mujeres que daban a luz, es fácil comprender la existencia de numerosos monumentos donde se reflejan estos matrimonios múltiples, es decir, esculturas donde aparece el marido sentado con las esposas que tuvo en vida.


Wekhotpe (propietario de la tumba C.1 en Meir) con sus dos esposas, Khnemhotpe y Nebkau (reinado se Sesotris II óIII) Museo de Boston.

Y es que en el antiguo Egipto no había ninguna ley que censurase el concubinato ni la poligamia, y aunque parece claro que la mayoría de los egipcios eran monógamos, un hombre era libre de casarse con cuantas mujeres quisiese, eso sí! siempre que su economía se lo permitiese.

Además normalmente estas segundas mujeres solían ser concubinas o esclavas, por lo que sólo las clases más elevadas podían permitirse el lujo de mantener varias esclavas y acarrear los posibles gastos generados de mantener a más de una familia.

Uno de los testimonios más conocidos sobre poligamia es la de un ladrón de tumbas de Tebas que durante la dinastía XX fue capturado y juzgado. Durante su juicio se hace mención a que tenía cuatro esposas, dos de ellas estaban vivas en el momento del juicio ya que en el papiro se puede leer:

"la ciudadana Herer, esposa del vigilante del tesoro del faraón, Paaemtawemet y la ciudadana Tanefrery, su otra esposa, siendo ésta la segunda.” y también dice: “soy una de sus cuatro esposas, dos murieron, pero otra aún vive”.


Aunque una cosa es la poligamia y otra el concubinato, ya que parece fuera de toda duda que las relaciones sexuales con sirvientas o esclavas de clase inferior fueron bastante frecuentes entre las clases adineradas. Así en numerosas tumbas aparecen mujeres, que no son la esposa oficial, acompañadas de sus hijos, por lo que suponemos que eran los hijos que el señor había tenido con sus concubinas o esclavas.

El hecho de aparecer retratados en estas tumbas nos hablaría que estos niños eran aceptados dentro la familia, ya fuese manteniendo su condición de esclavos o bien siendo adoptados por el matrimonio y pasar a ser considerado hijo legítimo.

Algo similar ocurría con las propias concubinas que a ojos de la burocracia seguían siendo simples esclavas, sólo mediante la comprar de su libertad o su adopción por parte de otro pariente estas mujeres podían alcanzar el rango de esposa y legitimar su matrimonio.

Con todo ello, podemos deducir que aunque la poligamia estaba socialmente permitida fueron muy pocos los hombres que se permitieron tal lujo, a excepción clara de los faraones y sus famosos harenes, aunque ese tema es harina de otro costal.



Bibliografía:

Parra Ortiz, J.M.; La vida amorosa en el Antiguo Egipto, Aldebarán, 2013.

http://amigosdelantiguoegipto.com/?p=687

http://elcajondeherramientas.blogspot.com.es/2013/03/el-matrimonio-en-el-antiguo-egipto-i.html


domingo, 11 de diciembre de 2016

Escándalos sexuales en la Edad Media: Sexo y lujuria en la Torre de Nesle

Escándalos sexuales en la Edad Media:
- Sexo y lujuria en la Torre de Nesle
- El matrimonio de Felipe Augusto e Igeberg (próximamente)

---------------------- OOOOOOO ----------------------

Iniciamos esta sección con el que quizá sea el mayor escándalo de índole sexual de toda la Edad Media, estamos hablando del affaire conocido como el escándalo de la torre de Nesle, y en un blog como este no utilizamos la palabra escándalo a la ligera... y es que las nueras del Rey de Francia, hijas de poderosos nobles feudales y casadas con los sucesores de la corona francesa, mantuvieron un tórrido romance con dos apuestos caballeros normandos, hecho que hizo peligrar no sólo la estabilidad de la monarquía francesa sino algo casi todavía más grave ensuciar la línea de sangre real mediante bastardos.

Y es que el rey francés Felipe IV no tuvo mucho ojo a la hora de buscar parejas para sus hijos, ya que si sus hijos tuvieron la mala fortuna de acabar siendo unos cornudos, su hija Isabel casada con Eduardo II, rey de Inglaterra, tuvo que soportar la amistad fraternal del rey con un plebeyo conocido como Piers Gaveston, una amistad demasiado estrecha para algunos... pero esa ya es otra historia.

La familia real francesa en una pintura de 1315.
La familia real

Como en este episodio no vivimos sólo una, sino varias infidelidades, más propias de un culebrón venezolano que de una familia real en plena Edad Media, vamos a presentar a los principales protagonistas de esta famoso escándalo.
Dibujo de la torre de Nesle,
por Eugène Viollet-le-Duc

Felipe IV, rey de Francia, tuvo cuatro hijos:

- Luis, el primogénito, casado con Margarita de Borgoña, nieta nada más y nada menos que de Luis IX, y una de las acusadas de infidelidad.

- Felipe, casado con Juana de Borgoña, hija de Otón IV conde de Borgoña, quizá la menos culpable de todos los implicados.

- Carlos IV, último rey de Francia de la dinastía de los Capetos, casado con Blanca de Borgoña, hija también de Otón IV y otra de las principales implicadas en el escándalo.

- Isabel casada con el rey de Inglaterra Eduardo II en un intento de terminar las siempre eternas disputas territoriales entre Inglaterra y Francia. Aunque como ya dijimos anteriormente este matrimonio tampoco fue muy feliz, ya que su marido parecía más cercano a su joven amigo Piers Gaveston que a su mujer. Además todo parece indicar que la reina Isabel junto a su amante Roger Mortimer estuvieron tras el asesinato del rey inglés.




Las sospechas

Todo comienza con una visita de los reyes de Inglaterra a Francia en 1313. Los hijos del rey organizaron un festejo por todo lo alto como bienvenida, con espectáculo de títeres incluido, así que el rey inglés y su esposa Isabel deciden regalar unos valiosos monederos bordados a mano a sus hermanos y las esposas de éstos.

Pero meses después Isabel descubre que esos exclusivos monederos estaban en manos de dos caballeros normandos, Gautier y Philippe d'Aunay, por lo que empieza a sospechar que ha tenido que existir algún tipo de affaire entre estos caballeros y sus cuñadas. Por lo que preocupada por el honor y la honra de su familia decide contarle estas sospechas a su padre.

De esta forma Felipe IV puesto sobre aviso manda vigilar a estos caballeros para confirmar los posibles rumores de infidelidad y descubrir a los posibles implicados en esta trama. Así que pocos meses después se confirman sus peores temores... Blanca y Margarita se habían estado viendo con estos caballeros en la famosa torre de Nesle, una antigua torre de guardia situada en pleno corazón de París, a orillas del Sena. Además su otra nuera, Juana, también estaba implicada, ya que al parecer conocía estos encuentros y ayudó a encubrirlos, incluso algunas malas lenguas también la acusaron a ella de cometer adulterio.

Torre de Nesle, junto al Sena.



Juicio ...

Por lo que una vez confirmados los rumores de infidelidad al rey no le quedó otro remedio que hacer públicas dichas acusaciones y mandar prender a todos los implicados, y aunque los caballeros normandos intentaron huir hacia Inglaterra sabedores de la suerte que les esperaba, finalmente fueron capturados. Ambos fueron interrogados y torturados hasta que confesaron sus crímenes por lo que fueron declarados culpables de uno de los peores crímenes de la edad media... de lesa majestad. 

Las cuñadas, por su condición de nobles, fueron juzgadas en el Parlamento aunque de nada les valió, ya que fueron declaradas culpables de adulterio y sentenciadas a cadena perpetua, la última implicada Juana fue la única que salió airosa ya que fue declarada inocente.

Todo este escándalo afectó terriblemente a la salud del rey Felipe IV ya que ese mismo año murió, siendo sucedido por su primogénito Luis.


Margarita de Borgoña tras ser condenada es sometida a la humillación de ser rapada.



... y castigo

El peso de la justicia fue implacable contra todos los implicados, según las crónicas el 19 de abril de 1314 los caballeros normandos fueron ejecutados públicamente en la plaza de la ciudad de Pontoise, primero les castraron y sus miembros fueron echados a los perros, y tras una larga tortura donde fueron despellejados vivos  y descuartizados, finalmente les decapitaron y sus cuerpos fueron arrastrados por las calles de la villa para acabar siendo colgados en una horca.

Suplicio de los hermanos d'Aunay.

A Margarita y a Blanca de Borgoña se les rapó la cabeza, se les despojó de sus lujosos vestidos y cubiertas con harapos fueron conducidas en un carro tapado con sábanas negras hasta su destino final... las celdas del castillo de Château- Gaillard.


Margarita de Borgoña fue confinada en una celda abierta a los cuatro vientos en lo alto de un torreón, donde murió a los pocos meses, seguramente por las duras condiciones de encarcelamiento. Aunque algunos investigadores apuntan que fue estrangulada en su celda por órdenes de su propio marido, ya que a la muerte del rey Felipe IV ella se había convertido en reina de Francia, por lo que su marido, el ahora Luis X, ante la imposibilidad de anular su matrimonio ante la falta de Papa, deseaba fervientemente acabar con su matrimonio para poder contraer nupcias con Clemencia de Hungría.

Asesinato de Margarita de Borgoña.



Blanca tuvo un trato "más amable" que el de su prima Margarita, ya que ella era la mujer del hijo menor, pero no del futuro rey de Francia, por lo que estuvo encarcelada durante ochos años en una celda del mismo castillo. Su marido Carlos, que sucedió al poco tiempo a su hermano en trono de Francia, se negó a dejarla en libertad. Sólo cuando la salud de su mujer estuvo muy deteriorada se le permitió salir de su encierro para vestir los hábitos en un convento en Maubisson donde falleció poco después.


Juana que también había estado bajo sospecha por ser cómplice de los crímenes cometidos fue puesta bajo vigilancia en el castillo de Dourdan, aunque ella siempre contó con el apoyo de su madre y su marido, por lo que pronto fue puesta en libertad. Algunos historiadores han afirmado que el amor entre Juana y Felipe fue siempre muy intenso y por eso el marido no dudó de la inocencia de su mujer, otros autores algo más insidiosos han apuntado que el interés de Felipe por salvar su matrimonio estaba más relacionado con conservar el Franco-Condado que con un verdadero amor, ya que este era un importantísimo territorio que ella llevaba en la dote.


Conclusión
 

A lo largo de la historia hemos visto como cientos de veces se han utilizado las acusaciones de infidelidad como arma política, siendo una de las mejores formas de librarse de rivales políticos o allanar el camino hacia el poder.

Aunque en este caso la mayor parte de historiadores se inclinan por dar por ciertas dichas acusaciones, ya que no están claras las posibles motivaciones políticas de urgir una conspiración de este tipo. Algunos expertos han sugerido que la ambiciosa Isabel pudiese ser la responsable de lanzar estas falsas acusaciones, en busca de asentar a su hijo en el trono francés, aunque esto resulta bastante improbable ya que los futuros hijos de sus hermanos siempre estarían por delante de su hijo. 

Otros historiadores han apuntado a que fue el Gran Chambelán de Francia, Enguerrand de Marigny quien tendió la trampa a los caballeros y las damas por oscuros intereses políticos o desavenencias.

Otra posible explicación es que fuese todo un terrible malentendido ante la confrontación de dos estilos de vidas, dos moralidades muy distintas: una representada por la corte del rey de Francia, donde la sobriedad y la austeridad son su seña de identidad; por otro lado tenemos a las tres nueras borgoñonas, que representan la elegancia y el lujo propios de esa región, mujeres "modernas" acostumbradas a alegres fiestas y banquetes, donde poder hacer gala y ostentación de sus riquezas y de su refinada sofisticación. En definitiva, mujeres aferradas a los nuevos ideales del amor romántico que empezaban a circular en las cortes europeas y que se dejaron cortejar por los hermanos d'Anuay.



domingo, 27 de noviembre de 2016

La casa de las muñecas, un burdel extremeño para el servicio de Carlos V

Esta semana viajamos a tierras extremeñas para adentrarnos en uno de los paisajes más fabulosos de toda España... el Valle del Jerte. Y nada mejor que hacer un descanso en la bella localidad de Garganta la Olla para explicarles una historia "pornográfica", pero no se asusten! Si hacemos casos al origen etimológico de esta palabra* significa que voy a describirles una historia acerca de la prostitución.

Prostituta robando a un joven en un grabado del siglo XVI
(*La palabra pornografía proviene de los vocablos griegos 'pome' que significa prostitución, y 'grafía' que equivaldría a descripción.)

Piscinas naturales del Valle del Jerte, Extremadura.

Casa de las Muñecas,
Garganta la Olla.
Para empezar a narrar esta historia deberán acompañarme por las estrechas callejuelas de Garganta la Olla hasta encontrar una casa muy especial situada en la calle Chorillo número 3, una casa que llamará enseguida su atención por el color azul de su fachada.

Estamos ante la conocida como 'Casa de las muñecas' y su vivo color es debido a un pornográfico motivo...

Corre el año 1557, el más grande y poderoso monarca europeo, Carlos V, frustrado ante el fracaso de su política imperial y desolado por las guerras de religión que asolan su Alemania natal decide retirarse al monasterio de San Jerónimo de Yuste. Con él viaja una extensa comitiva de cientos de personas: secretarios personales, soldados, nobles e hidalgos de todo tipo y condición, sirvientes, incluso su relojero personal ...

Además durante su estancia en el Monasterio, numerosos personajes de la Corte pasaron por allí para visitarle e intentar conseguir algún favor del Emperador, entre ellos el propio monarca Felipe II.

Monasterio de Yuste, Extremadura.
Fotografías: Daniel Toril
Por todo ello, la vida social de las villas cercanas al monasterio vivieron una prosperidad y un auge inusitado, entre ellas, la población de Garganta la Olla, por lo que se creyó conveniente autorizar la creación de varios prostíbulos en la villa para el esparcimiento y diversión del séquito y la soldadesca que le acompañaba y no hacer peligrar la virtud y la honra de sus respetadas lugareñas. Como curiosidad podemos añadir que extrañamente esta mancebía estaba situada en una esquina de la plaza mayor del pueblo, en vez de en sus arrabales que solía ser el lugar acostumbrado donde se emplazaban los burdeles.

Garganta la Olla, Extremadura.
Fotografía: Daniel Toril

Uno de estos prostíbulos o mancebías fue esta 'Casa de las muñecas', y ese color añil tan llamativo de su fachada era el reclamo para sus clientes, aunque la vivienda contaba con otros símbolos que lo identificaban como una mancebía. Así a día de hoy aún podemos ver grabada en una de las jambas de granito que coronan la entrada la figura de una mujer; otra figura similar se aprecia en la cerradura de la puerta. Es por ello que esta popular mancebía recibió el peculiar nombre de  'Casa de Muñecas'.

Detalle de la puerta de la
Casa de Muñecas.
Además sabemos que antiguamente existía un pequeño ventanal al lado de la puerta que permitía ver a las meretrices desde la calle, pero sólo los caballeros podían contemplar el interior del burdel ya que este pequeño ventanal estaba situado a la altura de un hombre a caballo, así éstos podían contemplar sin necesidad de desmontar la balaustrada existente en su patio interior donde aguardaban sentadas estas "mozas de fortuna".

Como ya explicamos en este post sobre la mancebía Valenciana, uno de los mayores prostíbulos de la Edad Media, la vida de estas mujeres estaba bastante regulada por las autoridades civiles. Además estaban obligadas a utilizar una serie de elementos claramente distintivos para distinguirlas de las mujeres de buena honra, normalmente algún tipo de prenda de color pardo, como ya contamos en este post sobre el origen de la expresión 'irse de picos pardos'.

Y aunque con la muerte del Emperador la prosperidad del pueblo decayó y con ello el cierre de alguno de los tres burdeles que tuvo el pueblo, sabemos que al menos la actividad de 'La casa muñecas' prosiguió durante bastante años más, ya que la zona era bastante transitada y la demanda de servicios sexuales era una poderosa fuentes de ingresos para los municipios. Todo ello vendría confirmado por el testamento de la dueña de la propiedad, que al morir sin descendencia en 1614, quedó registrada su actividad en dicho documento.

Cerradura de la 'Casa de Muñecas'













sábado, 19 de noviembre de 2016

Sexo y Moral en la España de Felipe IV

Nada mejor que analizar la sexualidad de la España de la época de los Austrias para comprobar la doble moral que siempre ha existido en torno al sexo...  y es que a pesar de la estricta y férrea moral sexual pregonada por la Iglesia contrareformista y exaltada por la propaganda del reino, si por algo destaca la España de la Edad Moderna es por su inmoralidad y por la escandalosa corrupción de costumbres, especialmente entre las capas sociales más distinguidas, incluida ¡cómo no! la propia casa real.

Por lo que según que fuentes consultemos podemos llevarnos dos imágenes muy distintas de una misma sociedad: Por un lado tenemos a la Iglesia Católica, que no dudó en desplegar todas sus armas para controlar la moral sexual de los ciudadanos y someterlos a un puritanismo que desterrase toda clase de vicios pero también cualquier visión de una sexualidad positiva. Así no nos debe extrañar la abundancia de referencias sexuales en todo tipo de documentos eclesiásticos: en sermones, instrucciones para confesores, libros de espiritualidad,...

 Si por algo destaca la España de la Edad Moderna es por su inmoralidad y por la escandalosa corrupción de costumbres.


Y una de las mejores herramientas con las que contó la Iglesia para imponer su severa moral sexual fue la Inquisición, auténtico brazo armado, que no dudó en utilizar cruelmente, y casi siempre contra los sectores más desfavorecidos de la sociedad para reprimir cualquier atisbo de desviación sexual de la norma, por lo que la fornicación o el adulterio vistos como algo normal entre el pueblo llano pronto fueron objeto de duros castigos.

Pero por otro lado, si analizamos la literatura popular o algunos documentos judiciales podemos observar la otra España, que vivía bajo una sensualidad desenfrenada, donde la corrupción de las "buenas costumbres" era cosa habitual, donde el sexo, la sexualidad y el erotismo estaban muy presentes en la muy católica y recatada España....

Y si hemos decidido titular este post así es porque precisamente durante el reinado de Felipe IV (1606-1665) es cuando esta doble moralidad es más evidente, ya que durante su gobierno se produjo un cierto relajamiento en las costumbres aunque el peso de la moral impuesto por la Iglesia seguía rigiendo la vida del pueblo llano. Un período donde los círculos cortesanos disfrutaron de una vida licenciosa mientras la Inquisición no dudaba en condenar por esas mismas acciones a cualquier otro elemento de la sociedad.

Retrato de Felipe IV, Diego de Velázquez (1623).
Museo del Prado.

Durante el reinado de Felipe IV  es cuando esta doble moralidad es más evidente.


Moralidad Estratificada

La primera característica que podemos destacar de la sexualidad de esta época es que no deja de ser un reflejo de su sociedad, ya que el concepto de pecado, o mejor dicho, la gravedad de la falta cometida era juzgada de manera muy diferente según a que grupo social perteneciese el infractor.  Las clases elevadas gozaban de cierta permisividad ante algunos comportamientos sin que la menor sombra de sospecha o culpabilidad se cerniese sobre estos hombres.

El mejor ejemplo de ello son los numerosos hijos bastardos que toda familia noble poseía, es decir, hijos nacidos fuera del matrimonio y que en muchos casos eran reconocidos oficialmente sin ningún rubor.

Retrato atribuido a La Calderona.
Museo de las Descalzas (Madrid).
También son numerosos los testimonios existentes sobre la lujuria y avidez sexual de lo más granado de la sociedad, distinguidos personajes que no dudaban en flirtear con damas de dudosa reputación en prostíbulos, teatros o tabernas. Y sin duda, el mejor representante de esta situación, no podía ser otro que el mismísimo rey Felipe IV, cuyo desenfreno sexual alcanzó niveles alarmantes: Tuvo hasta 30 hijos bastardos, mantuvo relaciones con mujeres de toda clase y condición, siendo su romance más sonado el que mantuvo con la actriz 'La Calderona', fruto del cuál nació don Juan José de Austria, el único hijo bastardo del rey reconocido.

En cambio, el pueblo llano sufría el rigor de la más estricta moral católica, o al menos así los intentaban aplicar las autoridades tanto civiles como eclesiásticas.


Doncellas y virginidad.

Para la mentalidad de la época el bien más preciado en una mujer era su virtud, por lo que cualquier dama que quisiese mantener su honra intacta debía rechazar cualquier posible tentación, ya fuese de palabra, obra o pensamiento relacionada con el sexo. Y es que para cualquier doncella era fundamental conservar su virginidad y llegar intacta al matrimonio.

Aunque si hacemos caso a la ácida pluma de muchos escritores de la época eran muchas las que alardeaban de ser doncellas pero pocas las que realmente lo eran. Incluso se insinuaba que las mismas doncellas de la corte hacían gala de virtudes que hacía tiempo que habían perdido.

La Fornarina, Rafael Sanzio (1519)
Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma.
Era una virtud tan preciada por la sociedad que las leyes castigaban con severidad a los causantes de su pérdida, así que desflorecer a una doncella también tenía sus peligros, ya que el hombre podía ser objeto de denuncia por robarle la virginidad a una mujer. Por lo que el peligro de cárcel o galera, sólo podía evitarse casándose con la mujer o pagándole a la familia de la mujer una buena suma de dinero para paliar la mancha familiar.

Pero en esta España de la picaresca y la doble moral no era extraño encontrar casos donde pícaras damas de "intacta" virtud se compinchaban con algún familiar para engañar a algún hombre incauto  y amenazarle con denunciarlo ante la terrible pérdida que había sufrido la cándida joven ante tan desvergonzado e impetuoso hombre, vergüenza familiar que sólo se podía satisfacer con una cuantía económica.

Pero como decimos esto de la virginidad no era un asunto baladí, era tal el grado de libertinaje sexual existente en toda las capas sociales que no era extraño encontrar escrituras públicas donde se confirmaba bajo notario la virginidad de tal o cual doncella antes de contraer matrimonio, especialmente en aquellas casos donde había sospechas de la vida disoluta de la doncella.

Amantes y mancebas.

Claro ejemplo de todo esto era el gran número de mancebas existentes en la sociedad moderna española, hay que entender que el significado de manceba no tiene porqué corresponder sólo a la mujer de vida licenciosa o de profesión poco honrosa, cualquier mujer que tuviese una relación de pareja, incluyendo trato sexual, pero fuera del matrimonio entraba en esta categoría.

Así por ejemplo las mismas criadas solían convertirse en mancebas dentro de la misma casa donde vivía la esposa, por lo que algunos de estos amancebamientos eran tan duraderos como los mismos matrimonios.

Estaba tan extendida esta figura de la manceba que se daba en todos los estamentos de la sociedad, incluso las dignidades eclesiásticas no se privaban de caer en la tentación de la carne, no sólo curas y frailes, sino incluso inquisidores. Pero a pesar de que la figura del clérigo solicitante estuvo duramente perseguida por el Santo Oficio los procesos abiertos fueron numerosísimos.

The procuress, Jan Gerritsz van Bronckhorst, 1638.
Brukenthal National Museum
Así numerosos viajeros extranjeros quedaban sorprendidos ante el desenfreno sexual que se vivía en la corte española, el francés Brunel escribió que "no hay nadie que no mantenga a una querida o que no caiga en las redes amorosas de una prostituta".

Uno de los casos más sonados fue el del conde de Villamediana, don Juan de Tassis, quién se rumoreaba en los mentideros cortesanos que mantenía un romance con la propia reina, doña Isabel de Borbón, por lo que su asesinato en las calles de Madrid vino a acrecentar este posible rumor.

Aunque como bien advertía  Antonio de Brunel en su "Voyage d'Espagne" (Cap. IX) algunas mancebas destacaban por su picardía a la hora de esquilmar a su amado: "No hay hombre alguno que no tenga su dama y no trate con alguna cortesana... Y como no las hay en toda Europa, ni más viva, ni más descarada, y que entienden más bien aquel maldito oficio, cuando llega a caer alguno en su red, lo despluman bellísimamente".

Pero no hay que olvidar las dos principales consecuencias de estos amancebamientos por un lado tenemos la aparición de numerosos hijos bastardos y por otro, la propagación de numerosas enfermedades venéreas, ambas con importantes repercusiones sociales. Por lo que la prostitución y las casas de mancebías eran la solución para dar rienda suelta a esta promiscuidad social.

Dama enseñando el pecho, Tintoretto, S.XVI.
Museo del Prado


Prostitución: De las casas de mancebías a la clandestinidad

No nos detendremos mucho en el fenómeno de la prostitución ya que le dedicaremos un capítulo aparte más adelante. Simplemente apuntar que los prostíbulos o mancebías estaban normalmente situados en una zona concreta de la ciudad estando regulados por ordenanzas públicas. Aunque como ya hemos tratado en numerosos posts el fenómeno de la prostitución muchas veces escapaba del control de las autoridades locales, existiendo todo tipo de prostíbulos y meretrices. Podemos destacar aquella prostitución de carácter ambulante que siempre acompañaba a determinados colectivos (soldados, campañas agrícolas) o hacía presencia en fechas concretas (ferias y mercados)
.
Este control por parte de las autoridades, ya fuese real o municipal, corría a cargo del denominado padre o madre de la mancebía, persona encargada de hacer valer las ordenanzas, vigilar la salud y las condiciones de las prostitutas y cobrar las rentas.

Era tal el volumen de ingresos que generaban estas mancebías que no era raro que los locales, cuando no los administradores indirectos de estos prostíbulos fuese alguno de los personajes principales de la ciudad, el ayuntamiento o incluso alguna orden religiosa.

Aunque es precisamente bajo el reinado de Felipe IV cuando se inicia la prohibición reglamentada de la prostitución, ya que bajo la influencia de los jesuitas se intentó impulsar una nueva política moral, para ello promulgó dos Pragmáticas: una en 1623, "Prohibición de mancebías y casas públicas de mugeres en todos los pueblos de estos reynos"; y otra en 1661, "Recogimiento de las mugeres perdidas de la Corte, y su reclusión en la galera". Con ellas, la prostitución entraba a formar parte de la clandestinidad y las 'malas mujeres' eran ahora perseguidas y sancionadas.

Ilustración de 'La Celestina'

Pero como se puede intuir estas medidas no tuvieron un resultado demasiado efectivo, ya que el fenómeno de la prostitución se extendió por todos los rincones de la ciudad. Así Meléndez Valdés denunciaba en 1798 que en Madrid:

 "Abundan por común desgracias a cada paso y donde quiera los objetos de la más vergonzoza prostitución; donde la corrupción impudente camina sin freno tan libre y descocada, insultando a la virtud y decencia pública; donde malogrando la severa vigilancia de V.A., la liviandad, el ocio, la miseria, la infame seducción ofrecen sin cesar al vicio nuevas víctimas, donde mil infelices van día y noche por esas calles brindando a todos con sus sucios y vales favores: donde, en fin, es tan fácil ¡ojalá no lo fuese! sacrificar el vicioso a su sensualidad y lascivo desenfreno"

Por último hablar de otra de las muchas caras de la prostitución, la reflejada en la literatura y las comedias teatrales, la del marido consentido que no duda en hacer la vista gorda ante las infidelidades de su mujer siempre que reciba un beneficio económico. Una figura la del marido proxeneta muy habitual en el mundo de la prostitución desde la edad media como ya vimos en otros post.

Delitos.

Uno de los mejores botones de muestra para entender el libertinaje reinante en esta sociedad es revisar los libros de justicia y ver como las infracciones de la moral sexual dominante son bastante habituales tanto por su cotidianeidad como por el especial eco que adquieren algunos casos, sobre todo en los que hay implicado algún personaje de la Corte que interesa que su carrera sea cortada.

Entre los delitos de carácter moral o sexual más habituales encontramos todos aquellos tildados como relaciones ilícitas, adulterios, concubinatos y amancebamientos. En menor medida, encontramos también casos de violaciones y estupros, procesos por alcahuetería incluso de bestialidad, delito asociado a las clases sociales más marginales y castigado habitualmente con la muerte.

Auto de fe de la Inquisición, Fco. de Goya, 1812-1819.
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid


El 'sexo contra natura', es decir, las relaciones homosexuales entre hombres fue un crimen bastante habitual. Así en la Corona de Aragón donde el tribunal de la Inquisición tenía plenos poderes para juzgar los delitos de sodomía se contabilizaron entre 1540-1700, 791 casos en Zaragoza, 453 en Barcelona...

Por último señalar que en una infidelidad el marido engañado por su mujer podía ejercer la justicia por su cuenta, siempre que sorprendiera a los amantes "in fraganti". Para ello necesitaba a un testigo y tenía que matar a ambos. El honor llevaba a cumplir con la condena pero la razón llevaría a más de un marido engañado a volver la cara hacia otro lado.

La Bendición, Simeon Chardin.
1740. Museo del Louvre. Paris.
Mujer

Para concluir este amplio resumen sobre el sexo y la moral en la España del siglo XVII vamos a analizar brevemente el papel de la mujer en la sociedad.

La mujer estaba en una situación de total dependencia respecto al varón, que debía ser su valedor y protector. Esta situación venía refrendada tanto por la legislación civil, basada en el derecho romano y canónico, como por la Iglesia que defendía esta situación de subordinación tanto en el púlpito como en el confesionario.

Y no hay que menospreciar la influencia de la Iglesia en este aspecto, ya que normalmente la figura del confesor era de gran importancia en la vida de las mujeres... Así varios eclesiásticos nos definen el papel de la mujer ideal: San Carlos Borromeo sugiere que una dama debe cumplir con "el horario estricto, la oración continua, el recogimiento y la paciencia", por su parte Fray Luis de León también retrató el ideal de la mujer en su obra 'La perfecta casada', una obra donde se esgrimía que la buena católica debía ser modelo de decencia, honestidad y pudor.

Con todo ello podemos adivinar que la mujer estaba por entero circunscrita al hogar y al cuidado de la familia y su hogar, debiendo completa dedicación a su marido. Por otro lado, la mujer era la depositaria del honor de la familia, una valor este del honor de gran consideración en la sociedad del Antiguo Régimen, por lo que una mujer infiel o una mujer que no llegase virgen al matrimonio suponía no sólo una grave afrenta hacia ella misma, sino también hacia toda su familia y la sociedad en general.


Bibliografía

Deleito y Piñuela, José.  “La mala vida en la España de Felipe IV”.  Madrid. Alianza. 2005.

Rodríguez Sánchez, A.;  Hacerse nadie: sometimiento, sexo y silencio en la España de finales del siglo XVI, Editorial Milenio, 1998

Vázquez García, F. y Moreno, A.; Sexo y Razón. Una genealogía de la moral sexual en España (siglos XVI-XX), Akal, 1997.

Francisco Vázquez García / Andrés Moren; Poderes y prostitución en España (siglos XIV y XVII). El caso de Sevilla.

[En Internet]

 http://maestradesociales.wikispaces.com/Grupo+4.+Las+mujeres+durante+la+Edad+Moderna

http://cvc.cervantes.es/literatura/criticon/PDF/069/069_035.pdf


http://www.uv.es/dep235/PUBLICACIONS_III/PDF20.pdf

http://www.madridvillaycorte.es/personajes-doncellas-mancebas.php