sábado, 20 de mayo de 2017

Escándalos sexuales de la Edad Media: El matrimonio de Felipe Augusto e Ingeborg

Escándalos sexuales en la Edad Media:
- Sexo y lujuria en la Torre de Nesle
- El matrimonio de Felipe Augusto e Igeberg 

Felipe II Augusto de Francia (1165-1223) es uno de los reyes medivales franceses más interesantes, ya que su vida estuvo plagada de todo tipo de aventuras, luchó al lado de Ricardo Corazón de León contra Saladino, impulsó la Cruzada contra los cátaros y batalló contra la poderosa familia de los Plantagenet al norte de Francia...  pero también destacó por sus azarosas aventuras en el terreno amoroso.

Nacido en el año de nuestro Señor de 1165 fue el hijo primogénito de Luis VII, y desde su más tierna infancia dio muestras de su impulsivo carácter, y es que criado desde su nacimiento para ser rey de Francia no nos puede extrañar que desarrollase unos modales bruscos y hoscos, especialmente con los miembros de su séquito.

Durante su educación como príncipe cuentan las crónicas que nunca le gustó aplicarse en sus estudios, aunque estas carencias intelectuales la supo suplir con una arrolladora personalidad, con la que supo atraerse a nobles de todo condición, hecho que le permitió asegurar el poder real frente a los grandes señores feudales.

Felipe Augusto, rey de Francia
A la edad de 14 años fue coronado rey, el séptimo rey de la dinastía de los Capetos, un 1 de noviembre de 1179, en la catedral de Reims, por lo que inmediatamente se le buscó una esposa para asegurar el linaje real. Pero el fatídico destino quiso que su joven esposa, Isabela, muriera durante el parto.

Así que se le buscó una nueva esposa en las frías tierras danesas, la joven doncella Isambur, Igeberg o Ingeborg (por lo visto los nombres escandinavos son de difícil traducción a los idiomas latinos), la hermana del todopoderoso rey de Dinamarca Canuto VI, por lo que rápidamente se preparó el nuevo contrato matrimonial y en el año de 1193 todo estaba preparado para la gran boda.

Todo parecía perfecto, así que los esposos se casaron en la Catedral de Amiens un 14 de Agosto de 1193, la ceremonia transcurrió sin ningún problema hasta que llegó la hora de consumar el matrimonio. Algó pasó en esa fatídica noche de bodas que causó uno de los mayores escándalos sexuales de la Edad Media.

¿Qué pasó en la noche de bodas entre Felipe Augusto e Igeberg?

Nada sabemos a ciencia cierta que fue lo que sucedió en el interior de la alcoba real aquella noche, lo único cierto es que Felipe Ausgusto salió de aquel cuarto espantado, pálido y tembloroso, gritando que no quería volver a tocar a aquella mujer en su vida, y que no pensaba compartir lecho con ella nunca jamás.

A partir de este hecho han surgido teorías de lo más variopintas: Desde que Ingeborg era una inocente y atemorizada dama que ante el pavor que le despertaba perder su virginidad se lo hizo todo encima (como ya ocurrió con Fernando VII y su desdichada esposa) hasta el caso contrario, que Ingeborg sabía demasiado sobre sexo, hecho que alarmó al rey sobre su supuesta virginidad.

Aunque la teoría más extendida es que Ingeborg sufría algún tipo de hermafroditismo, o alguna deformidad física interna, por lo que el rey quedó espantado al ver unos genitales anormalmente grandes, por lo que salió corriendo de la alcoba repudiando a su mujer en el acto, y lo que era más grave aún, sin consumar el matrimonio.

Ilustración del repudio de Felipe Augusto a Ingeborg

A partir de aquí todo fue de mal en peor para el rey de Francia.

Felipe Augusto aplazó la ceremonia de coronación de la reina que debía celebrarse al día siguiente, y mandó encerrar a su desdichada esposa en el convento de Saint-Maur-des-Fossés de por vida, para así olvidarla cuanto antes.

Por lo que pronto se consideró libre para volverse a casar, y la verdad que no esperó mucho, ya que a los pocos años se enamoró de Agnes de Meran y contrajo matrimonio con ella.

Todo esto supuso un lío de enormes dimensiones, ya que el Rey de Francia seguía casado a ojos de Dios con la princesa danesa, por lo que este nuevo matrimonio era considerado por la Iglesia como bigamia. Al negarse a dar marcha atrás en su nuevo matrimonio, el Papa, Inocencio III, muy presionado por la Corona danesa y deseando afirmar su autoridad, excomulgó al rey de Francia, y como podrán comprender nuestros lectores, que un Papa excomulgase a un rey (y por ende a todo su reino) en plena Edad Media, como diría algún ilustre político español,  "no es cosa menor, dicho de otra manera, es cosa mayor", ya que durante todo un año en Francia no se pudo comulgar, celebrar misas, bodas ni bautismos.

Pintura mural del Papa Inocencio III.

Así que ante cualquier mal que asolase una región, el pueblo tenía claro quién era el responsable... su rey y su maldición al estar excomulgado: que había revueltas, culpa del rey, que había malas cosechas, culpa del rey, que la guerra contra los Platagenet se recrudecía, culpa del rey, que los daneses conspiraban para derrocar al rey que les había humillado, culpa del rey... bueno esto último sí que era culpa del rey.

Por todo ello nos podemos imaginar el estado de ansiedad con el que vivía Felipe Augusto, presionando por su pueblo, sus obispos, el propio Papa y enfrascado en miles de batallas con enemigos internos y externos... y cuya principal obsesión era obtener la anulación de su matrimonio y asegurar la línea de sucesión al trono francés mediante nuevos hijos.

Tras mucho pleitear con el Papa y obtener un acuerdo de reconciliación, por la cual, la orden de excomunión fue revocada, la solución se le presentó de la manera más cruel, ya que en julio de 1201, Inés de Méran murió al dar a luz a un segundo heredero: Felipe. Por lo que se solucionaban dos problemas en uno: por un lado, el rey obtenía un segundo heredero directo a la corona, ya que su primogénito siempre había tenido una salud bastante enfermiza, y por otro lado, al morir su actual esposa, la acusación de bigamia quedaba resuelta.

Castillo de Étampes, donde Ingeborg vivió recluída bajo durísimas condiciones.

Con todo ello a Felipe Augusto no le quedó más remedio que aceptar que Isambur regresase a la Corte francesa, aunque el rey se siguió negando a tener contacto alguno con ella, incluso siguió insistiendo en obtener su anulación matrimonial para poder casarse por tercera vez libremente. Aunque esta anulación nunca llegó a producirse, por lo que Felipe Augusto tuvo que aguantar durante años la presencia de su mujer en la corte, eso sí, evitando cualquier acercamiento con su maldita Isambur hasta la definitiva muerte del rey en una fecha tan significativa como un 14 de julio, aunque de 1223.

Pero este escándalo no fue el único que salpicó a Felipe Augusto, ya que las malas lenguas dicen que tuvo una extraña relación amor-odio con el rey inglés Ricardo Corazón de León, y que en su juventud había vertido "demasiadas" lágrimas por la muerte de un fiel amigo... rumores, imaginamos que malintencionados, que apuntaban a cierta inclinación homosexual del rey, pero esto ya es otra historia...



La terrible vida de Ingeborg de Dinamarca

Ingeborg, según su
lápida sepulcral.
Antes de finalizar, me gustaría que nos metiésemos en el papel de la mujer protagonista de la historia, ya que nos habla del carácter, la fortaleza y el orgullo que tuvo que tener Ingeborg de Dinamarca para soportar su terrible y humillante situación, y como nunca dio su brazo a torcer ante las presiones a las que buen seguro se vio sometida.

Ya que desde casi el mismo momento de su matrimonio estuvo encarcelada, sin fondos y obligada a vivir una existencia austera y solitaria, casi 20 años vivió recluida por órdenes directas de su marido, entre fríos conventos y austeros castillos franceses.

A esto hay que sumar que cuando Felipe consiguió que la excomunión fuera perdonada, fingiendo una supuesta reconciliación con su mujer, la reina de Francia, al negarse a aceptar esta pantonimia, fue encarcelada en condiciones aún más humillantes y estrictas.

Felipe Augusto intentó quebrar por todos los medios la voluntad de esta mujer, persuadiéndola a que renunciase a sus derechos e ingresase como monja en un convento o con promesas de libertad y riquezas si abandonaba el reino de Francia y volvía a la corte dansesa. Pero nada pudo romper su espíritu, ni tan siquiera su encierro en el castillo de Étampes donde tuvo que soportar circunstaciones horrorosas, como ella misma describe en una carta que hizo llegar al Papa Inocencio III en 1203:

    "Que se sepa, Santo Padre, que no tengo alivio aquí en mi prisión, sino que sufro bajo innumerables e insoportables insultos. Porque nadie se atreve a visitarme aquí, ni ningún eclesiástico me ofrece consuelo, ni se me permite escuchar la Palabra de Dios de parte de nadie para fortalecer mi alma o confesar mis pecados a un sacerdote. A menudo me ayudo involuntariamente, pero diariamente disfruto del pan de dolor y de la bebida del deseo. No me ofrecen ninguna medicina para la enfermedad de mi cuerpo y no se me permite bañarme. Si deseo ser sangrado no puedo y por lo tanto temo por mi vista y por la debilidad de mi cuerpo. No hay mucha ropa, y las que se pueden encontrar no son aptas para una reina. No puedo contar mis problemas en detalle, porque esas cosas que no deben ser negadas a ninguna mujer cristiana me son denegadas. Debido a estas y otras cosas que no puedo hacerme revelar a usted, Santo Padre, estoy en tal estado, que ahora estoy disgustado con la vida."

Sólo tras la muerte de su marido, que siempre le guardó un rencor y un odio bastante palpable, Ingenborg fue tratada con la dignidad que se merecía por parte de su hijastros Luis VIII y Luis IX, otrogándole ciertos honores para una reina viuda. Vivió retirada en Orleans, lo que le valió el título de 'la reina de Orleans', ya que siempre vivió bajo un limbo jurídico bastante ambigüo, ya que al no ser nunca consagrada como reina, la Iglesia no le otorgó ese reconocimiento oficial como reina de Francia, por lo que también se le negó la potestad de ser enterrada en la Basílica de Saint-Denis tal como exigía en su testamento.

Ingeborg tras una vida repleta de sufrimiento y angustia dedicó el resto de sus días a obras de caridad, muriendo un 29 de junio de 1236 en Corbeil-Essonnes, siendo enterrada en Saint-Jean-en-l’Isle, cerca de Corbeil-Essonnes. Una mujer, que merece ser recordada por su inquebrantable fuerza y su obstinación en ser tratada y reconocida como lo que era ... la Reina de Francia.






viernes, 12 de mayo de 2017

Félix Faure, una mamada presidencial... de muerte

Todo el mundo conoce el famoso escándalo de Bill Clinton y Mónica Lewinsky, una felación en pleno despacho oval que le costó muy cara al ex-presidente de EE.UU, ya que sepultó su carrera política y casi su matrimonio.

Pero si creen que este tipo de escándalos es un fenómeno moderno, es porque no se han pasado mucho por este blog, y porque seguramente no conocen el 'escándalo Faure', una felación aún más polémica que la anterior, ya que también acabó con la carrera del presidente de la República Francesa, principalmente porque el pobre hombre murió en plena faena.

Nos encontramos en 1899, tras una ajetreada jornada de trabajo, Félix Faure, sexto presidente de la República Francesa, solicitó a su amante que le esperase en 'salón bleu' del fastuoso Palacio del Elíseo al finalizar el día. Pero lo que nadie podía esperar es que aquella tarde de un 16 de febrero Faure tuviese una de las muertes más poco dignas de la historia, ya que el desdichado murió en plena sesión de sexo oral a causa de una apoplejía.

Félix Faure y Marguerite Steinheil.
Y aunque esta vez no podemos hablar de una mamada con final feliz, sí que podemos decir que al menos abandonó este mundo de forma bastante placentera... Pero como comprenderán la causa de su muerte fue motivo de burla y de chanza de sus contemporáneos que no dudaron en realizar todo tipo de chistes y chascarrillos a su costa.

Aunque antes de adentrarnos en este escabroso affaire repasemos un poco la figura de este ilustre personaje y la de su amante, Marguerite Steinheil, una mujer de armas tomar.

El período histórico

Nos encontramos a las puertas del siglo XX, el mandato político de Félix Faure estuvo marcado por la alianza franco-rusa, la conquista de Madagascar y el polémico caso Dreyfus que sacudió a la sociedad francesa de la época. Tres hechos que nos van anunciando el gran desastre que está por venir, la I Guerra Mundial

Félix Faure

Retrato de Félix Faure
Félix Faure fue el hijo de un humilde carpintero que supo hacer fortuna por su habilidad como comerciante. Todo ello le valió para ser elegido en la Asamblea Nacional e ir subiendo peldaños en diferentes puestos de poder relacionados con la economía y el comercio hasta ser proclamado de manera casi inesperada Presidente de la República Francesa.

Faure fue un hombre de buena planta, muy snob y como podemos intuir bastante mujeriego, a pesar de estar casado. Se le apodaba el Presidente Sol, por su comparación con el rey Sol, ya que se consideraba a sí mismo como la auténtica encarnación de la República, siendo un fanático devoto tanto del protocolo como del lujo y la pomposidad que su cargo debía ostentar.

Sabemos que le gustaba cambiarse de ropa varias veces al día e incluso su coquetería iba mucho más allá ya que intentó, sin éxito, que se crease un (pomposo) atuendo oficial para el presidente de la República.

Félix tuvo numerosas amantes, aunque la más conocida, fue la señora Steinheil. Su relación venía de largo, ya que iniciaron su affaire cuando él aún era ministro de la Marina. Con la llegada de Faure a la presidencia sus encuentros se hicieron más frecuentes, ya que ella iba visitarle al Palacio del Elíseo bajo el pretexto de ayudarle a redactar sus memorias.

El influjo de su amante sobre él era por todos sabidos, ya que no sólo la obsequiaba con lujosos regalos y prebendas, sino que Marguerite tuvo un importante papel como consejera personal del presidente, diciendo las malas lenguas que Faure no tomaba ninguna decisión sin la aprobación de esta enigmática mujer.

La Pompadour de la III República

Sea cual fuese el tipo de relación que mantenían lo único que sabemos que aquel funesto 16 de febrero de 1899 Margarita Steinheil entró en el despacho del presidente y a la media hora salió bruscamente de la habitación pidiendo auxilio -¡El presidente se muere! Exclamaba entre gritos, mientras intentaba recomponer sus ropajes y sus cabellos.

Rápidamente entraron a la habitación el secretario del presidente, el sr. Blondel, y el jefe de su gabinete, el sr. Le Gall, allí vieron a Félix Faure desvanecido en el diván de su despacho, podemos imaginar que con su "herramienta de trabajo" fuera, y aunque intentaron reanimar al presidente, éste sólo fue capaz de pronunciar unas leves palabras, falleciendo a los pocos minutos, fulminado por una apoplejía.

Ilustración de un periódico de la época donde se recrea la muerte de Félix Faure.


Aunque esta es la versión más o menos oficiosa existen otras versiones de lo sucedido aquel día aún más escabrosas, como que la pobre Margarita no pudo zafarse del señor Faure, por lo que cuando entraron sus ayudantes alertados por los ruidos, vieron como Félix en plena convulsión tenía aún agarrado el cabello de su amante mientras ella seguía en una posición nada digna, por lo que le tuvieron que cortar un mechón de pelo para poder zafarse de su amante.

Incluso existe otra versión en la que se afirma que la muerte fue provocada en pleno acto sexual y que para separar a los amantes hubo que cortar algo más que un simple mechón de pelo...

Sea como fuere, como podrán intuir, la causa de su muerte fue motivo de burlas y chanzas entre sus adversarios políticos. La señora Steinheil fue apodada "La Pompadour de la III República", por el juego de palabras existente en francés entre 'pompa fúnebre' y el verbo 'pompier' que se podría traducir como 'mamada'.

Incluso George Clemenceu, que años después alcanzaría también la presidencia de la República declaró sobre Félix Faure: "Deseó ser como César, pero terminó como Pompeyo"



Marguerite Steinheil

Pero aquí no acaba nuestro relato, ya que la vida de Marguerite Steinheil, aunque retirada unos meses de la vida pública tras el escándalo presidencial, siguió dando mucho que hablar, ya que siguió incrementando su lista de amantes y acabó envuelta en otro escándalo aún mayor, del que logró zafarse gracias a sus contactos con las altas esferas.

 Retrato de Madame Steinheil.
Léon Bonnat (1833 - 1922)
© Photo RMN-Grand Palais.
A pesar que algunos la han tachado como cortesana de lujo, o como caza fortunas, sus contactos dentro de la alta sociedad francesa provenían de su familia, ya que era hija de la familia Japy, propietaria de la poderosa industria de máquinas de escribir del mismo nombre.

Por ese motivo nadie entendió su matrimonio con el mediocre pintor Steinheil ya que le supuso un paso atrás en su desmedida afición por el lujo y la ostentación. Aunque supo compensar la irregularidad de ingresos de su marido con su propio talento para organizar fabulosas reuniones sociales de la alta burguesía parisina a través de las cuales conseguía nuevos encargos para su marido, siendo en una de estas reuniones donde conoció al futuro presidente de la República.

Pero si por algún talento destacó Marguerite fue por su atrayente personalidad que sumada a su atractivo físico y a sus destacadas artes amatorias supo seducir durante toda su vida a todo tipo de hombres poderosos y adinerados.

Ya que tras el escándalo por la muerte de Félix Faure prosiguió con su vida libertina, obteniendo los favores de múltiples amantes, desde poderosos industriales, pasando por importantes jueces, llegando a seducir hasta el mismísimo rey Sisowath de Camboya.

Aunque sin lugar a dudas, el asunto más macabro donde se vio envuelta fue en el asesinato de su marido y su madrastra, producido en 1908, ya que la policía encontró los cadáveres de ambos en la residencia familiar, y a la propia Marguerite atada y amordazada en la cama.

Y aunque siempre fue sospechosa de haber participado directamente en los crímenes para poder así casarse con alguno de sus riquísimos amantes, finalmente fue absuelta en medio del escándalo general. Además aprovechando que el Sena pasa por París no faltaron acusaciones que dudaban de la muerte "accidental" del presidente francés, acusándola a ella de haberle envenenado.

Dibujo de Margarita Steinhail y
su abogado durante el juicio.
Después del juicio se marchó a vivir a Londres, donde se cambió de nombre y aprovechó para escribir sus interesantes 'Memorias' en 1912. El 26 de Junio de 1917 se casó con el sexto barón de Abinger, Sir Robert Brooke Campbell Scarleet. Muriendo en 1954 en un asilo para ancianos.




Bibliografía

http://criminalia.es/asesino/marguerite-steinheil/




sábado, 6 de mayo de 2017

Hildegard, monja medieval y sexóloga

La monja Hildegarda de Bingen (1098-1179) es una de las mujeres más fascinantes de toda la historia, una adelantada a su tiempo, fue un espíritu renacentista siglos antes del Renacimiento, una pionera científica antes del nacimiento de la ciencia moderna, precursora de la ópera y de la ecología, e inventora del considerado como primer lenguaje artificial de la historia, y es que esta increíble mujer tocó casi todas las ramas del saber de su época: poesía, pintura, medicina, filosofía, teología ... todo ello rodeado de un misticismo y unas visiones que le acompañaron durante toda su vida desde que era pequeña.

Retrato de
Hildegard de Bingen
El relato de su vida es apasionante, aunque si la traemos a este blog es porque se la puede considerar como la primera sexóloga de la historia. Habló de la sexualidad femenina sin miedo y sin ningún tipo de pudor e incluso describió el orgasmo femenino bajo un enfoque más propio de la "neurociencia" que de la medicina medievalista.

Pero es que además tuvo una visión positiva de la sexualidad, para ella, el sexo no era pecado sino algo bello y apasionado, incluso fue mucho más lejos al negarse a admitir el papel pasivo de la mujer en el sexo, ya que se empeñó en demostrar que la mujer también sentía placer.

Aunque en varios de sus obras abordó el tema de la sexualidad es en su libro "Causa et curae",  donde desarrolla con más profundidad todas sus teorías sobre la sexualidad:

"Cuando la mujer se une al varón, el calor del cerebro de ésta, que tiene en sí el placer, le hace saborear a aquél el placer en la unión y eyacular su semen. Y cuando el semen ha caído en su lugar este fortísimo calor del cerebro lo atrae y lo retiene consigo, e inmediatamente se contrae la riñonada de la mujer, y se cierran todos los miembros que durante la menstruación están listos para abrirse, del mismo modo que un hombre fuerte sostiene una cosa dentro de la mano".

 
También realizó una descripción de universo de carácter aristotélico, antes de que se redescubriese Aristóteles, donde algunos autores han querido ver un simbolismo claro con la estructura de la vagina de una mujer.

Florence Eliza Glaze, “Medical Writer: ‘Behold the Human Creature,’” in Voice of the Living Light: Hildegard of Bingen and Her World, ed. Barbara Newman (Berkeley, Los Angeles, and London: University of California Press, 1998)

En su descripción de los genitales masculinos, el semen y la naturaleza de su sexualidad también aportó una visión mucho más ilustrada que sus coetáneos. Con una intuición casi visionaria realizó una descripción muy detalladas, de carácter biológico de la estructura y la función genital de los hombres, muy alejada de la visión peyorativa que se puede leer en la literatura medieval sobre la sexualidad masculina.

Una escena de la película Visions, Margarethe von Trotta, dedicada a Hildegard von Bingen.

En cuanto a su interpretación del pecado original, Hildegard también tuvo una visión más positiva de la naturaleza humana.

Para San Agustín el pecado original fue debido a la libertad moral que Dios otorgó a Adán y Eva, es decir, ellos fueron responsables directos de caer en la tentación, y no el demonio.  Es más, posteriores teólogos no dudaron en culpabilizar directamente a Eva, a la lujuria que reside en lo femenino, de haber sido la causante principal de haber caído en este pecado original.

Por contra, Hildegard en sus visiones nos transmite una visión más humanista de Adán y Eva, ya que buscó en todo momento minimizar la culpa de Eva, asumiendo que el pecado original fue culpa principalmente de Satanás, que envidioso de la maternidad de Eva, la engañó soplando veneno en la manzana de Eva.

Ese veneno, ese sabor a manzana, es el deseo sexual de la humanidad, de ahí que Hildegard escriba una obra titulada precisamente 'De Gustu Pomi' donde trata de explicar la condición humana y sus visiones relacionadas con el pecado.

¿Lesbiana?

Hay quien ha querido ver esa defensa enconada de la mujer como un signo claro de su protofeminismo, incluso algunos autores han querido ver una clara naturaleza lesbiana en Hildegard, ya que mantuvo una intensa relación de amor (fraternal o pasional, según como lo queramos ver) con Richardis von Stade, su asistenta personal y su favorita en el convento, a la que trató de persuadir por todos los medios que se trasladase a otro convento de clausura. Además cuenta con apasionados poemas cargados de intenso erotismo hacia lo femenino.

Aunque todo este tema daría para otro post, simplemente apuntar que las relaciones de amor en conventos de clausuras no era un fenómeno nada raro, ya que durante el medievo fueron muchas las mujeres que fueron forzadas por sus familias a ingresar en este tipo de órdenes, sin que hubiese ningún tipo de vocación religiosa de por medio.


"St. Hildegarda de Bingen y su asistente Richardis" de Lewis Williams (Fuente: TrinityStores.com)


Conclusión

Hildegard ha sido sin ninguna duda una de los personajes más fascinantes de todo el medievo, aunque precisamente por su condición de mujer, su carácter rebelde, y su diversa y enigmática producción intelectual la historia olvidó a esta gran mujer durante siglos.

Habrá que esperar a nuestra actual época para que su extraordinaria figura sea rescatada del olvido, y no sólo por la Iglesia Católica, que la canonizó en el año 2012, sino por intelectuales de los más diversos campos, que han visto en esta mujer una adelantada a su tiempo, que se atrevió a hablar de sexo, de placer, del orgasmo femenino, con una naturalidad y una mentalidad más propia de la época contemporánea que de la rígida moral medieval.

Por todo ello, no nos debe extrañar que su figura se haya convertido en todo un icono de la modernidad, convirtiéndose para muchas mujeres en un símbolo de la lucha por la igualdad de la mujer y su liberación sexual.

Y aunque seguramente muchos que nos leen sea la primera vez que escuchen el nombre de Hildegard les aseguramos que en la historia de España hay otra fascinante mujer con el mismo nombre cuya historia merece ser relatada... pero eso será en otro momento.


Bibliografía

Cirlot, V., Hildegard y la tradición visionaria de Occidente, en
http://www.ignaciodarnaude.com/espiritualismo/Hildegard%20Von%20Bingen%20y%20la%20tradicion%20visionaria%20de%20Occidente,V.Cirlot.pdf.pdf

Ortúzar, M.J.;  De gustu pomi: Hildegard y la condición humana, Universidad de Chile en https://web.uchile.cl/publicaciones/cyber/19/mjortuzar.html

 http://www.yorokobu.es/hildegard-von-bingen-orgasmo-femenino/

 https://muhimu.es/genero/hildegard-von-bingen-primera-sexologa/

 http://www.purplemotes.net/2015/01/25/hildegard-of-bingen-men-sexuality/

viernes, 28 de abril de 2017

El concubinato de los clérigos en la Edad Media

Monje y su concubina,
de Cornelis van Haarlem
Durante la Edad Media la falta de organización y formación dentro del cuerpo de la Iglesia hizo que clérigos, curas y frailes fuesen motivo de continúa burla y denuncia por su vida licenciosa. El mejor ejemplo de todo ello son la infinidad de casos que recoge nuestra literatura donde estos servidores de la Iglesia aparecen retratados como bebedores, juergistas y mujeriegos.

Aunque a nosotros el aspecto que nos interesa es este último, ya que en la entrada de hoy nos centraremos en uno de sus fenómenos más visibles, el amancebamiento o concubinato de los clérigos.

Y aunque prohibido desde hacía varios siglos, fue una práctica muy habitual entre curas, frayles, obispos y hasta Papas durante toda la Edad Media y parte de la Edad Moderna, ya que un buen número de ellos vivieron abiertamente con una mujer e incluso muchos no ocultaban su progenie.


ORIGEN

No nos vamos a detener mucho en los orígenes de esta práctica, ya que desde la misma fundación de la Iglesia Católica el tema del concubinato siempre fue muy controvertido.

Desde los primeros siglos del medievo la Iglesia fue bastante ambigüa con este tema, permitiendo los matrimonios espirituales, matrimonios donde los clérigos podían convivir con una mujer aunque sin ningún tipo de contacto carnal, de ahí lo del matrimonio espiritual. No hace falta deducir que bajo esta fórmula era bastante fácil pasar de los espiritual a lo terrenal, por lo que la proliferación del amancebamiento fue un fenómeno generalizado en todo el clero.

Der esta forma la Iglesia, desde casi sus inicios, intentó erradicar el concubinato entre sus representantes, por lo que desde los primeros concilios de la Iglesia, como el de Elvira, celebrado en el siglo IV, ya se tomaron medidas contra estas prácticas.

Pero ni los cónclaves, ni los concilios, ni tan siquiera las cosignas de los grandes doctores de la Iglesia consiguieron erradicar el concubinato. Así San Bonifacio (s.VIII) se quejaba amargamente de que los clérigos “de noche mantienen a cuatro, cinco o más concubinas en su cama”.


Imagen extraída del ‘Decamerón’ de Giovanni Boccacio, Paris, folio 108 verso, mediados del siglo XV.
El clérigo comparte una comida con una pareja y se acuesta con la esposa mientras que el marido reza en la terraza.


TESTIMONIOS LITERARIOS

Los testimonios sobre la lujuría, el concubinato y la mala vida general de los clérigos durante la Edad Media aparecen en las más diversas obras (crónicas, colecciones de milagros, poemas, tratados morales, lírica tradicional y popular), recogidos en todo tipo de lenguas y culturas y retratando las más variopintas y estrambóticas situaciones, donde todo tipo de clérigos, desde los seculares hasta las más alta dignidades, incumplieronn sin contemplaciones sus votos de castidad.

Estos testimonios se recogen desde bien temprano, así Gonzalo de Berceo, considerado como el primer escritor en lengua castellana, en su obra 'Los milagros de Nuestra Señora' ya recoge numerosos testimonios de clérigos borrachuzos, monjes que yacían con prostitutas y otro sin fín de ejemplos.

Otra obra cumbre de la literatura española como es "El libro del buen amor" del Arcipreste de Hita, despliega ante nosotros todo un entramado de personajes religiosos más preocupados de satisfacer sus necesidades terrenales que las espirituales.Y es que se puede decir que en esta obra sus personajes están movidos por el erotismo y el deseo sexual, donde monjas y clérigos son arrastrados por las llamas de la pasión y el amor.

Otro de los libros que recoge Eduardo Juárez en su artículo dedicado a la vida de los clérigos (revista Historia de National Geographic) y que nos relata más a las clara el comportamiento sexual de los clérigos es "El libro de los Exemplos" de principios del siglo XV, donde podemos ver desde monjas condenadas al infierno por mantener relaciones con caballeros hasta un abad que justifica su comportamiento fornicador aludiendo a que su cuerpo carnal es como el de los demás hombres.


LEGISLANDO CONTRA LA CORRUPCIÓN MORAL

Acabar con esta mala conducta del clero había sido siempre un campo de batalla para la Iglesia Católica que veía como el mal ejemplo que daban sus propios miembros era un problema cada vez más acuciante, y a la postre fue uno de los motivos esgrimidos para la ruptura con la Iglesia del mundo protestante.

Así no nos puede extrañar que la Iglesia intentase regular el comportamiento de sus clérigos con numerosas medidas, aunque de escaso éxito, ya que la mayor corrupción estaba entre sus propios dirigentes.

Como dato curioso señalar que muchas veces eran las comunidades de vecinos las que alentaban al párroco de turno a contraer una "barragana", ya que este era el método más fiable para evitar posibles aventuras amorosas del clérigo con sus propias esposas.


Por lo que entre los siglos XII y XV empezaron a surgir numerosas legislaciones para intentar frenar la corrupción ética y moral que asolaba a la Iglesia Católica. Aunque sin ninguna duda, el campo que intentó controlar más férreamente la Iglesia fue todo lo relativo a la sexualidad de sus feligreses.

En las famosas "Partidas" de Alfonso X el Sabio ya se recogen numerosas sanciones para los vicios más comunes de los clérigos, ya fuese el juego, la bebida o el sexo.

La doma del asno, Eduardo Zamacois y Zabala, 1868

Pero el mayor campo de batalla para la Iglesia fue intentar imponer el voto de castidad y celibato, por lo que desde el siglo XI vemos como la mayor parte de concilios y sínodos de la Iglesia tratan el asunto del amancebamiento de los curas. Desde el Concilio de Compostela de 1056, pasando por el de Palencia de 1129, el de Valladolid en 1228 o el de Toledo en 1324, son un claro ejemplo de la necesidad imperiosa de la Iglesia de imponer el celibato. Incluso las Cortes en pleno siglo XIV siguió adoptando medidas para reprimir el amancebamiento de los clérigos.

De todo esto se desprende que esta fue una costumbre muy extendida por todo el continente europeo. Aunque algunos estudios apuntan que un 30% de los sacerdotes vivieron en concubinato durante toda la Edad Media si nos aferramos a las fuentes y testimonios de la época esta cifra es a todas luces demasiado abultada.

Algunos autores han señalado que tildar la mancebía de los clérigos como norma general se debe más a lo escandaloso de algunos casos que a una realidad concreta. Desde clérigos que convivían con varias mujeres, a sacerdotes que desde su púlpito animaban a las feligresas a visitarle, a curas que vivían rodeados, sin ningún pudor, de toda su progenie, o aquellos que no dudaban de introducir a prostitutas en la casa de Dios, por no hablar de la figura del marido consentidor, muy popular en la literatura de la época.

Y a pesar de la existencia de numerosas leyes, como las desprendidas desde la Santa Sede como la Reforma Gregoriana o los llamados "Cánones lateranenses", que amenzaban con la excomunión a los sacerdotes que viviesen públicamente con una mujer, todo parece indicar que estas sanciones no inspiraron demasiado temor a los clérigos, ya que el amancebamiento siguió extendiéndose hasta bien entrado el siglo XVI.

Cuadro del pintor alemán Otto Dix.
A todo ello contribuyó en buena medida la actitud laxa de numerosos Papas y obispos que fueron modificando su postura ante este tema al calor de sus propias necesidades, especialmente las económicas (cambiando penas de excomunión ya impuestas por multas económicas).

Tal es así, que estas 'mancebas' o 'barraganas' obtuvieron en muchos lugares reconocimiento jurídico, y a pesar de las trabas que ponía la Iglesia para el reconocimiento de su figura, sabemos por ejemplo que el rey Juan I en 1378 reconoció el derecho a pagar un impuesto por amancebamiento.

Otro testimonio que nos habla bien a las claras de la duración del fenómeno son las declaraciones del obispo burgalés don Pascual de Ampudia en el sínode de 1498 quién insitía en que "ningún clérigo pueda tener consigo o en su casa ni de compañía mujer suelta ni casada, de ninguna edad que sea, con quien antes haya tenido participación carnal"

Por lo que habrá que esperar hasta el Concilio de Trento, celebrado en el año 1563, para que la Iglesia diese el golpe definitivo sobre la mesa para intentar acabar de una vez por todas con la corrupción de costumbres que carcomía sus instituciones, poniendo especial énfasis en el concubinato de los sacerdotes "que viven en el corrupción impúdica y el inmundo concubinato", prohibiéndoles "tener en su casa o en otra parte concubinas o mujeres sobre las que puedas haber una duda".

En cuanto a las penas para los clérigos amancebados fueron variando a lo largo del tiempo, mientras hasta el siglo XIV las penas fueron esencialmente espirituales, suspensión, excomunión o penitencia, a partir del siglo XIV fueron prevalecieron las penas de carácter económico o penales.

Y aunque el espíritu reformador de la Iglesia y el aumento de las inspecciones hicieron menguar el fenómeno del amancebamiento entre los clérigos, la Iglesia, tan empeñada en controlar otros aspectos de la sexualidad de sus fieles, no puso el mismo interés en acabar con estos casos, como su prolongación en el tiempo demuestra.


EL ALTO CLERO

El cardenal Mendoza
Pero este fenómeno, como cabe de esperar, no sólo se daba entre el bajo clero, es más, se puede decir, que el alto claro era aún peor, ya que, estadísticamente, el número de obispos o papas con amantes e hijos fue mucho superior.  Recordar que estos altos cargos eclesiásticos solían ser ocupados por los segundos hijos de las principales casas nobiliarias por lo que no cabe esperar que tuvieran un comportamiento ejemplar.

En estos casos, donde cualquier sanción era impensable, la Iglesia sugería adoptar ciertas medidas como que los hijos ilegítimos menores de 5 años no vivieran en la misma casa, o que no ayudaran a sus padres en los oficios litúrgicos y por supuesto, que ni mucho menos pudieran heredar.

Aunque claro, todo estos hijos bastardos podían ser fácilmente encubiertos alegando ser sobrinos. Pero para que nos vamos a engañar, el poder lo consigue todo, así que aquellos hijos ilegítimos de las más altas esferas no tuvieron problemas en ser reconocidos. Así conocemos como los hijos del famoso cardenal Mendoza fueron legitimados por el Papa por mediación de la propia Isabel I de Castilla.

El argumento esgrimido por la Iglesia para vigilar más estrechamente al bajo clero era que ellos, al estar en contacto más directo con los fieles, debían ser el mejor ejemplo posible.


LAS BARRAGANAS 

En cuanta a la condición social de estas mujeres no tenemos muchos datos, por regla general podemos deducir que la mayoría tuvo una vida normal, especialmente si tenemos en cuenta que la normalización del matrimonio católico no se dió hasta los últimos siglos de la Edad Media.

Los principales problemas que atestiguan las fuentes son: Por un lado, el reconocimiento jurídico de su figura, ya que vivían en una especie de limbo legal, por lo que muchas veces sus exigencias estaban relacionadas con la herencia, el reconocimiento de los hijos o con la posibilidad de ser enterradas junto a su "marido".  Por otro lado, tenemos el caso de barraganas que llevaban un tipo de vida más suntuoso del que debería una mujer en su condición, presumiendo y haciendo ostentación de ciertas riquezas.

Por lo que cabe esperar que estas mujeres sufrieron o disfrutaron de todo tipo de suertes: desde aquellas que vivieron como amancebadas con el clérigo toda una vida, casi como un matrimonio "normal", hasta aquellas que sufrieron toda clase de situaciones de marginalidad y pobreza, ya que incluso se promulgaron algunas leyes que obligaban a estas mujeres a portar un distintivo "infamante".

Y es que la literatura refleja todo tipo de situaciones, casi siempre desde posiciones misóginas, donde destacan la codicia y la avaricia de las mujeres. Así en un cancionero musical del siglo XV una madre extrañada de que su hija haya rechazado a un campesino y a un escudero le pregunta:
"Por qué quieres el abad? - Porque non siembra y á pan". O en otros casos suelen deternerse en la lujuria de la que es presa la mujer por la belleza del clérigo en cuestión



CONCLUSIÓN


Otra terrible curiosidad es la forma de actuar de la Iglesia ante los escándalos de algunas de estas uniones, ya que la Iglesia recomendaba silenciar estos casos o reprimirlos internamente,  como bien indica Ana Arranza en su aproximación al fenómeno: "Era preciso silenciar las debilidades de cualquier clérigo para evitar el mal ejemplo o el desprecio de la feligresía". Ya que la principal preocupación de la Iglesia como alude el obispo burgalés don Pablo de Santamaría era que "los seglares (...) no se retryan de la devoción de las yglesias...".

Como vemos la actitud de la Iglesia a la hora de enfrentarse a problemas o delitos internos siempre ha sido la misma: echar tierra sobre el asunto o tapar sus vergüenzas como mejor pueda... nada nuevo en el horizonte.






Bibliografía:


- ARRANZA GUSZMÁN, A.; "Celibato eclesiástico, barraganas y contestación social en la Castilla bajomedieval", Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Hª Medieval, t.21, 2008, págs. 13-39.

 -JIMENO ARANGUREN, ROLDÁN. “Concubinato, matrimonio y adulterio de los clérigos: notas sobre la regulación jurídica y praxis en la Navarra medieval”. A.H.D.E. nº.81, pp.543-574. Ministerio de Justicia.2011

-MONREAL ZIA, GREGORIO; JIMENO ARANGUREN, ROLDÁN. “Naturaleza y estructura del matrimonio y otras uniones afines en el derecho histórico hispánico, con especial atención a Navarra.” Rev. Príncipe de Viana, Año nº, 71; nº 250, pp. 501-538. Institución Príncipe de Viana. Gobierno de Navarra. Pamplona, 2010.

-RUIZ, JUAN, ARCIPRESTE DE HITA. “Cántica de los clérigos de Talavera”, Libro del buen amor. Alfaguara. Madrid, 2000.

NICASIO SALVADOR, M.; Soltería devota y sexo en la Literatura Medieval (Los Clérigos),  La familia en la edad media : XI Semana de Estudios Medievales, Nájera, del 31 de julio al 4 de agosto de 2000 / coord. por José Ignacio de la Iglesia Duarte, 2001, págs. 317-348